Hubo un tiempo en que Gràcia tenía más cines que supermercados. Los había enormes, como el Bosque; modestos, como el Mundial; populares, como el Texas; y elegantes, como el Selecto. En los años cincuenta, el barrio llegó a reunir alrededor de veinte salas cinematográficas, y ocho se concentraban en el entorno de la Gran de Gràcia.
Eran lugares donde las familias pasaban las tardes del domingo, los novios buscaban intimidad y los niños descubrían mundos que jamás habían imaginado. Hoy casi todos han desaparecido.
Gràcia y el nacimiento del cinematógrafo
Gràcia todavía estaba asimilando su incorporación a Barcelona, decretada en 1897. La antigua villa conservaba sus plazas, sus entidades culturales, sus teatros y una intensa vida comercial.
El cinematógrafo, presentado en Barcelona en diciembre de 1896, encontró allí un público dispuesto a dejarse sorprender por aquel invento que convertía las fotografías en imágenes en movimiento.
Uno de los pioneros del cine español, Fructuós Gelabert, había nacido precisamente en Gràcia, en la calle Llibertat, en 1874. Aunque desarrolló buena parte de su actividad en Sants, su vinculación con el barrio resulta significativa.
En 1897 rodó Riña en un café, considerada una de las primeras películas argumentales españolas. Barcelona empezaba a descubrir que el cine podía convertirse en algo más que una atracción de feria.
Las primeras salas de Gràcia
Las primeras salas aparecieron a comienzos del siglo XX, cuando todavía era habitual combinar películas mudas con números musicales, teatro y variedades.
Uno de aquellos establecimientos fue el Cinematógrafo Variedades, abierto en 1903. Años después, en un emplazamiento próximo a la Casa Fuster, funcionaría el Cine Gráfico, posteriormente conocido como Comedia de Gràcia. Era un local pequeño y muy popular, apodado por algunos espectadores Comedieta o Cacahuet Palace. Cerró a comienzos de los años sesenta.
Otro pionero fue el Teatro Principal de Gràcia, situado en la calle Sant Domènec, 7-9. Inaugurado como teatro en 1851, incorporó proyecciones cinematográficas a comienzos del siglo XX. Durante décadas alternó representaciones teatrales y películas, adaptándose a los gustos de un público cada vez más atraído por la pantalla. Finalmente cerró en 1966 y el antiguo espacio acabó destinado a aparcamiento.
El Bosque: el gran cine de La Fontana
En 1905 nació el Gran Teatro del Bosque, levantado en el entorno arbolado de La Fontana, junto al antiguo Bosc de la Virreina. Su programación incluía zarzuelas, óperas, conciertos, teatro y proyecciones cinematográficas.
El espacio fue inaugurado en marzo de 1905 como Teatro del Bosque en La Fontana, propiedad del industrial Josep Valls. Además de cine, acogió ópera, bailes y fiestas populares; la representación de Aida en junio de aquel año lo consolidó como uno de los grandes espacios escénicos de la Barcelona de la época.
Con el paso de las décadas fue reformado y transformado en un complejo de varias salas. En diciembre de 1999, el antiguo Cine Bosque se reconvirtió en un multicine de nueve salas y 2.005 localidades, el de mayor capacidad de Barcelona, conservando una actividad cinematográfica iniciada hace más de un siglo.
El Rovira y la memoria de la plaza
En la plaza de Rovira i Trias apareció en 1909 el Cine Rovira, otra de aquellas salas nacidas cuando el cine todavía era mudo. Durante décadas formó parte de la vida cotidiana de los vecinos, que acudían a sus sesiones de reestreno. Cerró en 1965.
Curiosamente, muchos años después, la fachada del antiguo Rovira sería recreada para el rodaje de El embrujo de Shanghai, la película de Fernando Trueba basada en la novela de Juan Marsé.
La Gran de Gràcia, eje cinematográfico
En 1910, la antigua calle Salmerón —actual Gran de Gràcia— se consolidaba como uno de los principales ejes cinematográficos del barrio. En el número 37 abrió el Cine Mundial, instalado en el antiguo Café Viñas. Era una sala estrecha y profunda, inaugurada el 23 de junio de aquel año. Durante décadas ofreció películas de reestreno, hasta cerrar definitivamente el 15 de septiembre de 1968.
A poca distancia, en Gran de Gràcia, 108-110, abrió también en 1910 el Smart Cine, en la esquina con Ros de Olano. En 1939 fue rebautizado como Cine Proyecciones, dentro del proceso de castellanización impulsado por el franquismo. Continuó funcionando hasta 1970.
En el mismo eje comercial se encontraba el Cine Trilla, cuyos orígenes se remontan a la primera década del siglo XX. Posteriormente se transformó en Estudio Cirera, después en Select y finalmente en Selecto. Su programación combinó, en distintas etapas, cine y variedades.
A finales de los años setenta, el antiguo y lujoso cine Selecto desapareció con la renovación del inmueble. En su lugar abrió, el 19 de mayo de 1980, el Cine Fontana, una sala moderna de unas cuatrocientas butacas. Cerró en marzo de 1988.
Del Coliseum Pompeia al Delicias
No todos los cines nacieron como cines. El Coliseum Pompeia, en la Travessera de Gràcia, 8-10, ocupaba un espacio que anteriormente había servido para las caballerizas de los tranvías. Transformado en teatro a comienzos del siglo XX, combinó zarzuelas, conciertos, representaciones religiosas y proyecciones. En 1915 adoptó el nombre de Coliseum Pompeia y se convirtió en uno de los centros culturales más singulares del barrio.
Durante aquellos años también fueron apareciendo establecimientos como el Manón, posteriormente Mahón; el Chile, el Máximo y el Delicias. Este último funcionaba en la Travessera de Gràcia, 224, dentro de un antiguo almacén acondicionado como sala de proyección. Con el tiempo fue modernizado y acabó integrado en el circuito empresarial de Balañá. El Delicias sobrevivió hasta finales de los años ochenta, convirtiéndose en uno de los últimos representantes de aquella generación de cines populares.
Los Verdi: del cine de barrio al cine de autor
En la calle Verdi, 32, comenzó durante los años veinte la historia de uno de los cines más conocidos de Barcelona. El establecimiento pasó por distintas denominaciones antes de consolidarse como Cine Verdi y acabó convirtiéndose en un referente del séptimo arte.
La sala inició oficialmente su actividad cinematográfica el 11 de febrero de 1926, con el nombre de Salón Ateneo Cine, con la proyección de la película francesa Los náufragos del destino. En 1929 ya se anunciaba como Verdi, 32.
Durante décadas funcionó como sala de barrio, pero su gran transformación llegó en los años ochenta, cuando apostó por el cine independiente, las películas de autor y las versiones originales subtituladas. La reforma de 1987 dividió la antigua sala única en tres pantallas; en 1992 se amplió a cinco y, en 1995, se incorporaron cuatro salas más en el cercano Verdi Park, en la calle Torrijos.
Los Cines Verdi demostraron que una sala histórica podía sobrevivir cambiando de modelo. Mientras cerraban los antiguos cines de sesión doble, el Verdi encontró su público entre los aficionados a un cine diferente del que ofrecían los grandes circuitos comerciales. La ampliación de sus instalaciones y la incorporación de nuevas pantallas consolidaron su papel como uno de los principales centros cinematográficos de Gràcia.
El Texas: una sala que se reinventa
Otro superviviente fue el Texas, situado en Bailèn, 205. Abierto originalmente en 1912, recibió el nombre de Texas en 1947. Durante años triunfaron sus sesiones dobles a precios populares.
En 1995 se transformó en Lauren Gràcia, hasta que cerró en 2013. Un año después, el director Ventura Pons recuperó el nombre histórico y abrió los Cinemes Texas, con una programación centrada en reestrenos en versión original subtitulada al catalán y películas infantiles dobladas.
La pandemia obligó al Texas a cerrar nuevamente en 2020, pero la movilización cultural y vecinal permitió su recuperación. El 27 de octubre de 2023 volvió a abrir como Espai Texas, impulsado por un equipo de profesionales de la cultura encabezado por Isona Passola. El nuevo proyecto combina dos salas de cine, un teatro de 200 localidades y un bar, con una programación en catalán que une cine, teatro y actividades culturales.
El Roxy y la Barcelona de Juan Marsé
En la plaza de Lesseps, 4, se encontraba el Cine Roxy, abierto en 1941. Durante casi treinta años fue uno de los establecimientos más populares de la zona. Su programación atrajo a varias generaciones de espectadores hasta cerrar en 1969. Sin embargo, su historia no terminó con el derribo del edificio: sobrevivió en la literatura y la música, especialmente en la Barcelona literaria asociada a Juan Marsé.
La edad dorada: sesiones dobles, NO-DO y bocadillos
Durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta, los cines de Gràcia vivieron su época de mayor popularidad. Buena parte de las salas eran de reestreno: ofrecían dos películas por el precio de una, acompañadas obligatoriamente por el NO-DO, el noticiario cinematográfico del régimen franquista.
Las sesiones podían prolongarse durante horas y era habitual que algunas familias llevaran bocadillos o incluso la cena. Ir al cine era también una ceremonia social: había colas, acomodadores con linterna, carteleras pintadas a mano, programas de mano y espectadores que entraban cuando la película ya había empezado.
La televisión todavía no dominaba los hogares y el cine representaba una de las pocas formas asequibles de evasión. Las películas de Hollywood convivían con comedias españolas, aventuras, melodramas y producciones europeas.
Cine, guerra civil y censura
El cine tampoco permaneció al margen de la historia. Durante la Guerra Civil, algunos establecimientos fueron requisados y cambiaron temporalmente de función. Los locales relacionados con los futuros Texas y Verdi llegaron a utilizarse como comedores infantiles.
Tras la victoria franquista, las salas tuvieron que adaptarse a la censura, la nueva legislación y la política lingüística del régimen, que obligaba a castellanizar sus nombres.
Cuando las pantallas comenzaron a apagarse
A partir de los años sesenta comenzó el declive. La televisión entró en las viviendas, cambiaron los hábitos de ocio y los empresarios tuvieron dificultades para mantener grandes salas con centenares de butacas.
Entre 1961 y 1973 cerraron establecimientos como el Comedia, Rovira, Principal, Mundial, Roxy, Proyecciones, Chile, Máximo y Mahón. En poco más de una década, Gràcia perdió buena parte de su antigua cartelera.
Algunos locales fueron derribados; otros se convirtieron en aparcamientos, comercios o edificios de viviendas. El cierre del Fontana en 1988 simbolizó el final de aquella época.
Los cines de los barrios vecinos
Los habitantes de Gràcia también frecuentaban salas situadas fuera de sus límites, como el Aristos, en Muntaner, 246, inaugurado en 1943 y transformado posteriormente en Teatro Moratín, music-hall Belle Epoque y sala Luz de Gas.
Otros establecimientos próximos fueron el Arcadia, en Tuset; los Arkadin, en la Travessera de Gràcia; y el Windsor Palace, en la Diagonal.
El barrio que conserva sus fantasmas
Hoy, cuando la mayoría de aquellas salas ha desaparecido, sus nombres continúan despertando recuerdos entre los vecinos que las visitaron. El Bosque, el Verdi y el Espai Texas demuestran que una pantalla puede sobrevivir al tiempo si encuentra una nueva forma de hablar con su público.
Gràcia ya no tiene veinte cines, pero conserva algo más valioso que los edificios: la memoria de un barrio que durante un siglo convirtió ir al cine en una forma de estar juntos.
Bibliografía y fuentes consultadas
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Betevé. Més de 20 cinemes han projectat pel·lícules a Gràcia.
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Tot Gràcia. Les sales històriques de cinema de Gràcia, 2024.
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Prospectos de Cine. Archivo histórico de salas cinematográficas barcelonesas.
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Ajuntament de Barcelona y Meet Barcelona: fichas sobre los Cines Bosque.meet+1
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El País y El Periódico: historias del Cine Verdi.elpais+2
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Espai Texas, Time Out y Tot Barcelona: historia y reapertura del Texas.
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