del tablao flamenco de posguerra al cabaret insinuante, del destape a la saturación del mercado, y de la bohemia turbia al centro urbano domesticado por el turismo y la nueva economía del ocio. Por eso el New York sigue siendo, más que un simple nombre de neón, una pieza importante en la arqueología sentimental del viejo barrio chino y de la baja Rambla.
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