El cabaret New York de Barcelona: la historia del local más canalla de Escudellers
En la Barcelona de los años sesenta, la noche funcionaba como una ciudad paralela. Bajo la vigilancia moral del franquismo, pero también aprovechando sus zonas grises, proliferó una red de locales donde convivían el turismo, la picaresca, la música en directo y un erotismo dosificado para burlar la censura. En ese paisaje nocturno, la calle Escudellers acabó convirtiéndose en uno de los epicentros del ocio más descarado de la ciudad. Y allí, en el número 5, el New York terminó siendo uno de sus símbolos más reconocibles. Antes, sin embargo, aquel mismo espacio había tenido una vida muy distinta.

De El Charco de la Pava al New York: el origen del local
Mucho antes de convertirse en cabaret erótico, el local de Escudellers 5 fue la sede de El Charco de la Pava, una popular taberna flamenca que funcionó entre 1947 y 1961. Su interior, concebido como una falsa plaza de toros, ayudó a crear una escenografía castiza y muy vistosa para una clientela formada por aficionados al flamenco, marineros, turistas y noctámbulos de la Barcelona de posguerra.

Por aquel escenario pasaron artistas ligados al flamenco y a la rumba catalana, y la memoria del local quedó asociada a nombres como Antonio González “El Pescaílla” y otros intérpretes del circuito barcelonés de la época. Algunas evocaciones posteriores amplían esa nómina con figuras muy conocidas del género, aunque no siempre es fácil documentar con la misma precisión todos los nombres atribuidos al local.
Cuando El Charco de la Pava cerró en 1961, el establecimiento inició una transición hacia otro tipo de negocio. Primero fue un bar de camareras y, poco después, quedó en manos del empresario Bienvenido Ferrer, que impulsó su reconversión definitiva. El 14 de abril de 1963 inauguró allí el Night Club New York, ya con voluntad de situarlo entre los grandes nombres de la noche barcelonesa.
El New York y la transformación de la noche barcelonesa
El New York nació en una ciudad en la que el ocio nocturno comenzaba a sofisticarse sin dejar de ser turbio, ambiguo y profundamente desigual. Barcelona se vendía al exterior como una urbe moderna y hospitalaria, pero mantenía intactos muchos de los controles morales del régimen. En ese contexto, locales como el New York prosperaron gracias a una fórmula muy eficaz: sugerir más de lo que podían mostrar.

Durante sus primeros años, el club combinó música en directo, actuaciones de variedades y números de danza todavía contenidos. La erotización del espectáculo fue creciendo gradualmente, a medida que el público demandaba propuestas más atrevidas y la censura encontraba dificultades para contener una oferta nocturna cada vez más rentable. El New York supo leer ese cambio y explotarlo con habilidad comercial.

Su ubicación, a pocos metros de la Rambla y en la entrada de Escudellers, fue decisiva. El local jugó con la visibilidad de sus rótulos, con la estética de sus carteles y con una imagen deliberadamente provocadora para atraer a turistas, marinos, hombres de negocios y curiosos.

En una Barcelona todavía gris, el New York ofrecía una promesa de transgresión envuelta en luces de neón.

El auge del striptease en Barcelona
A mediados de los años sesenta, el striptease se convirtió en el gran reclamo del New York. Ya no se trataba solo de insinuar, sino de construir un espectáculo con coreografía, decorado y una dramaturgia visual que presentaba el desnudo como una forma de entretenimiento nocturno más elaborada. Esa evolución convirtió al local en uno de los referentes del género en la Barcelona del tardofranquismo.
Una de las figuras más citadas en la historia del establecimiento es la artista anunciada como Peki de Oslo, identificada después en diversas fuentes como Amanda Lear.

Según esa reconstrucción, actuó en el New York en 1966, antes de convertirse en musa de Salvador Dalí y en personaje internacional del mundo de la moda, la música y la televisión.

La asociación entre Peki de Oslo y Amanda Lear aparece repetida en fuentes memorialísticas y divulgativas sobre la noche barcelonesa, aunque los detalles biográficos de Lear han sido objeto de versiones contradictorias a lo largo del tiempo.
Bienvenido Ferrer y la red de locales del ocio nocturno
El New York no fue un caso aislado, sino parte de una estrategia empresarial más amplia. Bienvenido Ferrer levantó una auténtica red de locales de ocio nocturno en Barcelona, con nombres como Panam’s, Tabú, Mister Dollar y Starlet’s, todos ellos asociados a una oferta basada en el espectáculo, la insinuación erótica y la explotación comercial de una noche cada vez más competitiva.


Ese entramado competía con otros establecimientos míticos de la ciudad y contribuyó a consolidar una geografía del entretenimiento adulto entre la Rambla, el Paral·lel y los ejes de expansión de la Barcelona de posguerra. La noche dejaba de ser únicamente improvisación y canalleo para convertirse también en una industria.
Del franquismo al destape: los años de mayor fama
La muerte de Franco y la llegada de la Transición modificaron radicalmente el marco cultural. Lo que durante años había funcionado como provocación dosificada pasó a integrarse en el fenómeno del destape, cuando el erotismo salió del territorio de la insinuación y se instaló en el centro de la cultura popular y del negocio del espectáculo. El New York aprovechó ese cambio y vivió entonces una de sus etapas de mayor notoriedad.
En esos años, el local endureció su propuesta y acabó incorporando espectáculos de tono cada vez más explícito. Conviene, sin embargo, ser prudentes con algunas leyendas posteriores. Una de las más repetidas atribuye al New York ciertos números escandalosos con animales, pero investigaciones recientes recuerdan que parte de esa memoria oral pudo mezclarse con historias asociadas al Bagdad y otros locales del mismo circuito nocturno barcelonés. Es decir: la fama existió, pero algunos episodios concretos pertenecen más al terreno del mito que al de la certeza documental.
Declive del New York y cambio de modelo en Barcelona
Como tantos locales emblemáticos de la noche barcelonesa, el New York empezó a perder centralidad cuando cambió la propia ciudad. La diversificación de la oferta nocturna, la profesionalización del ocio, la aparición de nuevos públicos y la transformación urbanística del centro fueron restándole protagonismo. El viejo local canalla comenzó a parecer un vestigio de otra época.
La Barcelona olímpica aceleró esa mutación. El centro histórico fue domesticándose, turistificándose y perdiendo parte de sus espacios más ambiguos y sórdidos. El New York intentó adaptarse, giró hacia fórmulas más próximas a la discoteca y conservó solo de forma residual parte de su antiguo ADN erótico, pero ya no marcaba el pulso de la noche como en décadas anteriores.
En marzo de 2011 desapareció definitivamente la relación del local con lo que había sido históricamente el Night Club New York. Después abrió en el mismo lugar otro negocio con el nombre de New York Club, pero ya respondía a una lógica distinta, más vinculada al circuito de clubbing que al viejo cabaret de Escudellers.
El legado del New York en la memoria de Barcelona
Su historia resume muy bien la evolución de la noche barcelonesa del siglo XX: del tablao flamenco de posguerra al cabaret insinuante, del destape a la saturación del mercado, y de la bohemia turbia al centro urbano domesticado por el turismo y la nueva economía del ocio. Por eso el New York sigue siendo, más que un simple nombre de neón, una pieza importante en la arqueología sentimental del viejo barrio chino y de la baja Rambla.
BIBLIOGRAFÍA/ FUENTES CONSULTADAS
- AML Lighting
- Archivo de Montse Madridejos
- Barcelona en temps passat. Vídeo publicado en Facebook.
- barcelofilia.blogspot.com
- Manzano, Paco. Material fotográfico.
- Pacha, Miquel F.; González, María José; Álvarez, Jorge.
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