La historia de Zeleste y Razzmatazz, los templos musicales que cambiaron la noche barcelonesa

Entre los últimos coletazos del franquismo y la llegada de Jordi Pujol a la Generalitat, Barcelona empezó a cambiar de piel. La ciudad todavía arrastraba humo industrial, barrios degradados y una vida cultural muy controlada, pero algo comenzaba a moverse bajo tierra…estaba llegando el movimiento underground. En ese contexto apareció Zeleste, una sala musical que acabaría transformando la noche barcelonesa y marcando a toda una generación.

Detrás del proyecto no había una estrella del rock ni un empresario del espectáculo, sino un joven llamado Víctor Jou, perito industrial, amante del jazz y obsesionado con traer a Barcelona algo parecido a los clubes musicales que había descubierto en Londres. Allí, en 1969, quedó fascinado por el ambiente del Soho y especialmente por la mítica sala Marquee, uno de los grandes templos del rock británico.

Cuando regresó a Barcelona, volvió con una idea fija en la cabeza: si Londres tenía el Marquee, Barcelona necesitaba algo parecido.

Zeleste: el nacimiento de la Barcelona underground

Víctor Jou encontró el lugar perfecto en el número 65 de la calle Argenteria, junto a la basílica de Santa María del Mar. Allí funcionaba una antigua fábrica de caramelos reconvertida después en tienda de paños. En aquellos años el Born no era todavía un barrio turístico lleno de terrazas y apartamentos caros. Era una zona popular, húmeda, llena de talleres, almacenes y bares oscuros.

Argentería 65
Argentería 65

El proyecto tardó tiempo en arrancar entre permisos, inspecciones y burocracia franquista. Finalmente, el 10 de mayo de 1973 abrió oficialmente Zeleste, una sala pensada para ofrecer música en directo de forma regular en una Barcelona donde todavía escaseaban este tipo de espacios.

interior de Zeleste

El programador musical fue Rafael Moll, figura clave de la futura Ona Laietana y uno de los nombres fundamentales de la música catalana de los años setenta. Más adelante impulsaría el sello Zeleste-Edigsa y la agencia Cabra.

La estética del local también fue revolucionaria. El interiorismo corrió a cargo del arquitecto Santiago Roqueta, el artista Àngel Jové y Sílvia Gubern, autora además del célebre logotipo. El nombre original debía escribirse “Celeste”, pero el hijo pequeño de Gubern lo escribió accidentalmente con “Z”. A todos les gustó más así y decidieron conservarlo.

La Ona Laietana y la revolución musical de Barcelona

Zeleste se convirtió rápidamente en el gran laboratorio cultural de la ciudad. Allí convivían universitarios progresistas, hippies, músicos experimentales, dibujantes underground, vecinos del barrio y curiosos que buscaban algo distinto en una Barcelona todavía gris.

En aquellas noches cargadas de humo, cerveza y discusiones políticas nació la llamada Ona Laietana, una corriente musical que mezclaba jazz, rock progresivo, psicodelia, folk y rumba catalana. Barcelona empezaba a construir un sonido propio.

Por el escenario de Zeleste pasaron artistas fundamentales como Jaume Sisa, Companyia Elèctrica Dharma, Gato Pérez, Toti Soler, Pau Riba, Música Urbana, Iceberg, Oriol Tramvia o la Orquestra Plateria, nacida precisamente durante una Nochevieja celebrada en la propia sala.

Zeleste también fue una pieza clave en las primeras ediciones del festival Canet Rock, auténtico símbolo de la contracultura catalana de los años setenta. La sala ayudó a conectar músicos, programadores y público en un momento en el que Cataluña empezaba a recuperar libertades culturales después de décadas de dictadura.

Víctor Jou y la expansión del proyecto

El proyecto de Víctor Jou no se limitó a una simple sala de conciertos. Dentro del mismo edificio impulsó el Centre de Difusió Musical del barri de la Ribera, una especie de escuela alternativa para músicos donde colaboraron figuras como Carles Santos. Años después también sería el primer director del Mercat de Música Viva de Vic entre 1989 y 1992.

Sin embargo, el éxito de Zeleste acabó convirtiéndose en un problema. El local de Argenteria se quedó pequeño y las cuentas dejaron de cuadrar. Barcelona comenzaba a transformarse de cara a los Juegos Olímpicos y el modelo de ciudad estaba cambiando rápidamente.

Las quejas vecinales por el ruido y las limitaciones del edificio acabaron provocando el cierre del Zeleste original en 1986. Para muchos fue el final simbólico de la Barcelona underground nacida durante la Transición.

club Razzmatazz Zeleste

El salto al Poblenou: nace el nuevo Zeleste

Pero Víctor Jou ya tenía preparado otro movimiento. Ese mismo año impulsó el traslado a una gran nave industrial del Poblenou, en la calle Almogàvers 122, una antigua fábrica de alfombras y tapices con capacidad para miles de personas.

Allí nació el nuevo Zeleste, mucho más grande, más profesional y también mucho más costoso de mantener. Por sus escenarios pasaron figuras internacionales de primer nivel como Lou Reed, Blondie o James Brown. Barcelona comenzaba a entrar definitivamente en el circuito internacional de grandes conciertos.

Sin embargo, el espíritu había cambiado. La Barcelona improvisada, libertaria y artesanal de los setenta daba paso a una ciudad cada vez más globalizada y orientada al gran espectáculo.

A finales de los años noventa, el proyecto Zeleste desapareció definitivamente.

Razzmatazz: la Barcelona global toma el relevo

En el año 2000, el mismo edificio de Almogàvers renació convertido en Razzmatazz, una gigantesca sala de cinco espacios que marcaría la nueva vida nocturna de Barcelona.

razzmatazz

La filosofía era completamente distinta. Donde Zeleste había sido caos creativo y contracultura, Razzmatazz representaba la eficiencia industrial del ocio global. El sonido era impecable, la programación internacional y la logística perfectamente calculada.

Por sus salas pasaron grupos como The Chemical Brothers, Arctic Monkeys, Franz Ferdinand, The Strokes o The Killers. La Barcelona postolímpica ya jugaba en otra liga: turismo masivo, vuelos baratos, cultura indie globalizada y miles de estudiantes Erasmus llenando la ciudad.

De la Barcelona libertaria a la Barcelona global

La historia de Zeleste y Razzmatazz explica mejor que muchos libros cómo cambió Barcelona entre los años setenta y el siglo XXI.

Zeleste representó la ciudad underground que buscaba libertad cultural tras el franquismo: improvisación, experimentación y mezcla social. Razzmatazz simbolizó la Barcelona convertida en marca internacional: profesionalización, turismo nocturno y consumo global de ocio.


AGRADECIMIENTOS / FUENTES CONSULTADAS

  • Arxiu Històric del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC)
  • Arxiu MBM
  • Arxiu EDR
  • Enderrock
  • EFE
  • Francesc Fàbregas
  • La Vanguardia
  • Lluís Gené
  • Pepe Encinas
  • Rafael Moll After
  • Todocolección

Webgrafía

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DE ZELESTE A RAZZMATAZZ, LA NOCHE UNDERGROUND BARCELONESA

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