Durante la guerra civil los partidos de izquierdas mantuvieron secretamente centros de detención para acallar a los opositores. Hubieron 47 checas en Barcelona
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Historia de Barcelona
Durante la guerra civil los partidos de izquierdas mantuvieron secretamente centros de detención para acallar a los opositores. Hubieron 47 checas en Barcelona
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Barcelona, mayo de 1937. La ciudad condal se sumió en un caos sangriento que puso en riesgo el frágil equilibrio del gobierno de la Generalitat.
Durante seis días, del 3 al 8 de mayo sus calles fueron escenario de enfrentamientos violentos entre facciones republicanas que, hasta hacía poco, combatían juntas contra el fascismo. Mientras los jóvenes luchaban en el frente, en la retaguardia, camaradas se enfrentaron a muerte.
El 19 de abril de 1937, Francisco Franco unificó a carlistas, alfonsinos y falangistas creando el Movimiento Nacional para centralizar el poder y dirigir todos los recursos contra los republicanos.
En contraste, el gobierno legítimo republicano se enfrentaba divisiones profundas. La coalición de izquierdas que lo estaba fragmentada, con tensiones ideológicas y luchas internas que alcanzaron un punto crítico.
En los primeros meses de la guerra, las calles de Barcelona estaban bajo control de las Milicias Antifascistas de Cataluña, dominadas por la CNT/FAI, entonces mayoritarias en el gobierno. Estaban formadas por obreros, campesinos y estudiantes, organizados en unidades armadas para combatir al fascismo. Aunque defendían la República, las milicias abarcaban ideologías desde el anarquismo hasta el comunismo y el socialismo. Seguían a sus líderes, actuando incluso al margen de la ley, guiadas por su ideario revolucionario.
Se inició una persecución contra los religiosos, especialmente maristas. Entre julio y octubre, 172 personas, en su mayoría religiosas, fueron ejecutadas. En las zonas rurales, muchos campesinos, descontentos con la colectivización forzada, se rebelaron, como ocurrió en la Fatarella (25/1/37).
Acciones como nacionalizar fábricas y empresas, incendiar iglesias o proclamar manifiestos revolucionarios no mejoraban la eficacia militar. Urgía una reorganización para formar el Ejército Popular de la República y enfrentarse al avance de los nacionales.
MAYO 1937
El 1 de mayo se suspendió el desfile por el Día del Trabajador. Las tensiones entre las fuerzas del gobierno catalán (ERC, PSUC, CNT, FAI, POUM y UGT) estaban al borde de estallar.
EL DETONANTE
El 2 de mayo, Indalecio Prieto llamó a la Generalitat y el telefonista respondió que no había gobierno, sino un Comité de Defensa. Algo similar ocurrió con Azaña, quien al hablar con Companys fue interrumpido por insultos del telefonista. Era evidente que los anarquistas interceptaban las llamadas desde la Telefónica de Plaza Cataluña.
El 3 de mayo de 1937, Artemi Aigüadé, Conseller de Seguridad Interior (ERC), ordenó desalojar a los anarcosindicalistas del edificio de Telefónica para retomar el control de las comunicaciones. El enfrentamiento dejó más de 80 muertos y desató el caos en las calles.
LA CONTRA REVOLUCIÓN
El 4 de mayo, los anarquistas de la CNT/FAI, apoyados por sectores populares, intentaron iniciar una revolución bajo el lema «ni dios, ni patria, ni rey». Enfrente estaban los del POUM, un partido comunista anti estalinista liderado por Andreu Nin, ex secretario de Trotsky, que se oponía tanto al republicanismo catalanista como al PSUC estalinista.
El martes 4 de mayo, pese a la cercanía del frente a menos de 100 kilómetros, la revuelta se extendió a barrios como Sant Andreu, Poble Nou, Paralelo, Plaza Palau y Vía Layetana. Se declaró una huelga general. Metro, trenes y tranvías, controlados por la CNT, dejaron de funcionar.
El Hotel Colón, requisado por el PSUC como centro de comunicaciones, era usado para enviar informes secretos sobre opositores políticos. Estos documentos serían aprovechados más tarde por el franquismo para la represión. Para neutralizar al PSUC, simpatizantes de la CNT/FAI cercaron el hotel con blindados. Milicianos intentaron sin éxito asaltar el Palacio de Justicia y el Palau de la Generalitat. Hubo 50 muertos.
George Orwell, miliciano del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), Se atrincheró en la azotea del Teatro Poliorama, desde donde vigilaba la sede del POUM ubicada en el Hotel Falcón, situado justo enfrente.
A las 14:00, la CNT y la FAI pidieron un alto el fuego: “¡Deponed las armas! ¡Somos hermanos! Si nos combatimos, estaremos perdidos”. La tregua fue ignorada. Dirigentes del POUM y “Amigos de Durruti” se reunieron en el Principal Palace para proponer la retirada ordenada de las barricadas. Con el caos descontrolado, Largo Caballero trasladó el gobierno republicano a Valencia. El ministro anarquista Joan García Oliver y “Marianet” (CNT) viajaron a Barcelona para asumir el control del orden público.
Ante la crisis,Companys pidió al gobierno central hacerse cargo del orden en Cataluña: “Es vital colaborar con el gobierno de la República si queremos vencer al fascismo”. Federica Montseny y García Oliver exigieron la destitución de quienes asaltaron la Telefónica y llamaron a la calma por radio. Sin embargo, la situación era insostenible para todos.
En la madrugada se pactó un gobierno de transición con Companys como presidente, pero los enfrentamientos continuaron el 5 de mayo en Plaza Cataluña, Gran Vía y alrededores del Palau de la Generalitat. Las fuerzas del orden tomaron la Estación de Francia y desalojaron a anarquistas de la Telefónica.
Sesé, secretario de la UGT catalana, fue asesinado por miembros de la CNT/FAI cuando iba a asumir su cargo en el consejo provisional de la Generalitat.
El 6 de mayo, la Generalitat y la CNT acordaron calmar los ánimos y desarmar al POUM. Se pidió a las fuerzas regresar a sus bases: “¡Camaradas, a vuestros sindicatos, cuarteles y centros! Que todo sea paz”.
Desde Valencia y Madrid llegaron 5,000 guardias de asalto, dos destructores (Lepanto y Sánchez) y el acorazado Jaime I. El 7 de mayo, Largo Caballero rechazó legalizar el POUM. Los anarquistas dejaron el gobierno, y Caballero dimitió el 14 de mayo.
Aunque se acordó liberar prisioneros de ambos bandos, la Generalitat llenó cárceles republicanas con militantes de CNT y POUM. El 17 de mayo, se formó un gobierno moderado liderado por Juan Negrín, con apoyo del PCE y PSUC.
El 4 de junio se ordenó disolver los comités de defensa de CNT, las Juventudes Libertarias y los “Amigos de Durruti”, además de entregar armas. Muchos huyeron al frente o a la clandestinidad. Líderes como Domingo Ascaso, anarquista y Andreu Nin del POUM, fueron asesinados en 1937, presuntamente por órdenes de Stalin.
Mientras tanto, crecían las tensiones entre la Generalitat de Companys, que buscaba autonomía, y el gobierno central de Negrín, que quería centralizar el poder. En octubre de 1937, Negrín trasladó el gobierno a Barcelona para asumir el control total ante el avance franquista.
El SIM (Servicio de Información Militar), manejado por comunistas y socialistas, asumió el rol de las Patrullas, persiguiendo brutalmente al POUM y anarquistas. Se crearon tribunales revolucionarios al margen de la ley para procesar opositores como en la “Torre del Terror” en la Avenida Tibidabo 32. Checas, centros de detención y tortura operaban en antiguos conventos y sedes de organizaciones como el Preventorio De Vallmajory el Hotel Colón.
Con 200,000 refugiados, la hambruna y el agotamiento político, Barcelona estaba al límite. La guerra continuó hasta 1939. Mientras unos destruían iglesias y archivos religiosos, otros exterminaban toda resistencia que oliera a rojo.
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El barrio de Verdum, es un barrio de forma triangular formado a principios de los años cincuenta en el actual distrito de Nou Barris. Con una superficie de 0,23 km², Verdum es el tercer barrio más pequeño de la ciudad
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En una época marcada por la pujanza industrial y el auge del textil, nació un coloso que transformaría para siempre el paisaje urbano y social de Sants: La España Industrial que se convertirá en la sociedad algodonera más importante del país y la mayor industria catalana.
En 1820 Maties Muntadas era aún un pequeño industrial de Igualada. Sus siete hijos crecieron rodeados del mundo de la industria textil y, conforme crecían, comenzaron a independizarse montando pequeños telares.
Su ambición lo llevó a tomar una decisión audaz: tras la Guerra de la Independencia envió a sus hijos Pau y Josep Antoni a conquistar Barcelona y Madrid, respectivamente. En 1828, Maties y su hijo Pau se unieron en sociedad bajo el nombre de Muntadas e Hijo, lo que les permitió abrir más fábricas. Su sede principal se ubicaba en la calle Tàpies, número 5.
Pau había alcanzado un gran éxito en su carrera. En 1829, ya era representante del ramo de los hilados en la Junta General de Fabricantes de Barcelona y, en 1832, se convirtió en presidente.
Su experiencia y conocimientos en la industria textil lo llevaron a viajar a Francia y Gran Bretaña en 1839 para conocer de primera mano los avances en la industria textil europea.
En 1840, Pau decidió ceder la dirección de sus empresas a sus hermanos menores para dedicarse a la banca. Fue uno de los promotores de la Caixa d’Estalvis i Mont de Pietat de Barcelona (1844). Los seis hermanos de Pau registraron la sociedad Pau Muntadas y Hermanos.
En 1841, compraron máquinas selfactinas y telares mecánicos impulsados por una máquina de vapor de veinte caballos de fuerza. Mientras tanto, construían una nueva fábrica en la calle de la Riereta.
A su vez, Josép Antoni Muntadas, viajaba a Madrid (1841) para abrir un almacén donde se vendian los tejidos fabricados en Barcelona. Se trataba de géneros blancos de algodón: manteles, cotís, percalinas, elefantes, hamburgos y guineanas. Tuvieron su propio stand en la Exposición Industrial de Barcelona en 1844.
Tras la crisis algodonera norteamericana de 1846-1847, los Muntadas fundaron en Madrid la sociedad «España Industrial, Sociedad Anónima Fabril y Mercantil» con el objetivo de expandirse en todo el país.
Los Muntadas planeaban levantar dos nuevas fábricas: una en Sants, que funcionaría con vapor, y otra en la localidad aragonesa de Ibdes, que aprovecharía la fuerza hidráulica de los ríos Mesa y Piedra. Sin embargo, la segunda fábrica nunca se construyó.
La Sociedad se constituyó con un capital inicial mixto de 50 millones de reales, provenientes de inversores madrileños miembros de la burguesía y catalanes del ramo textil pero sobre todo, la familia Muntadas.
La reducción de aranceles para la importación de productos extranjeros generó dudas sobre la rentabilidad del sector. Lo inversores madrileños vendieron sus acciones. Ante esta situación, se tomó la decisión de abandonar el proyecto de construir fábricas fuera de Cataluña.
En 1847 compraron unos terrenos junto a la Riera de Magoria, en el termino de Santa María de Sants que desde la construcción de la carretera a finales del siglo XVIII empezaba a desarrollarse como un suburbio industrial de Barcelona.
1849 SE ABRE LA FÁBRICA TEXTIL
La fábrica se inauguró el 1 de enero de 1849. En pocos años, se convirtió en la principal fuente de empleo de la localidad atrayendo también a cientos de familias de Barcelona. El domicilio social de la empresa estaba en la calle Nou de Sant Francesc, núm. 2, esquina con Escudellers, en Barcelona.
La planta estaba equipada con 21,000 husos de hilatura, la mayoría de los cuales eran selfactinas procedentes de Inglaterra y Francia y contaba con unos 1600 trabajadores, incluidos niños.
En Sants se la conocía como el «Vapor Nou» para diferenciarla del «Vapor Vell» de Güell, Ramis y Compañía, que había sido inaugurado en el mismo barrio siete años antes. La competencia entre ambas fábricas era inevitable.
Fue la primera fábrica de indianas en España en realizar el ciclo completo de producción del algodón, desde el hilado hasta el tejido.
El año 1854 estuvo marcado por la agitación social en Barcelona. El descontento obrero por las precarias condiciones laborales y los bajos salarios se intensificó, derivando en protestas y movimientos de huelga. El 3 de mayo Josep Sol i Padrís, ex director del Vapor Vell y recientemente nombrado director de la España Industrial, fue asesinado a manos de un grupo de obreros.
La maquinaria y los ingenieros los trajeron de Gran Bretaña y Alsacia. La estructura de columnas de hierro se encargó a la fundición de Valentí Esparó y Nicolas Tous, quienes, en unos años, abrirán con otros socios la Maquinista Terrestre y Marítima (1885). El vapor nou se convirtió en un referente de la arquitectura industrial de la época.
Los interiores lucían mármoles de Tarragona, cerámicas valencianas y maderas importadas de Nueva Orleans. La zona más lujosa era la Casa del Director de estilo neoclásico.
Con los años la fábrica creó un comedor social, un campo de fútbol y una guardería gratuita para los niños de sus trabajadores.
A partir de la década de 1930, la caída de las ventas, el aumento de la competencia y las dificultades para acceder a materias primas marcó su declive. La España Industrial fue absorbida por Hilaturas Monhair SA (1931).
La nueva dirección fundó (1934) el Club Deportivo España Industrial, el que después sería el C. D España, filial durante unos años del FC Barcelona. (1949)
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial la España Industrial se enfrentó a la competencia de las fibras sintéticas y la creciente globalización de la industria textil.
La sociedad tuvo que vender los solares de la fábrica de Sants (1969) y trasladar su producción a Mollet del Vallés. El futuro no pintaba nada bien. En 1981 La España Industrial cerró sus puertas definitivamente.
El solar de la fábrica fue adquirido por el Ayuntamiento de Barcelona, y en él se construyeron dos bloques de viviendas, un Polideportivo Municipal y el Parque de la España Industrial.
De la antigua fábrica aún se conservan el bosque de plátanos del parque, el Casinet de Hostafranch, la guardería Pau y la Casa del Mig.
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VERSIÓ CAT Más allá de su monumental trayectoria en la música coral, se erigió como un ferviente defensor de la justicia social y la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores. Fue detenido en varias ocasiones (1845, 1856,
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En 1869, J. Anselm Clavé fue elegido diputado por Barcelona. Participó en la Asamblea Federal de Tortosa como vicepresidente de la representación catalana. En 1871, fue elegido presidente de la Diputación Provincial de Barcelona.
Durante la Primera República Española (1873-1874), Clavé abogó por la consolidación del nuevo régimen en todo el territorio español antes de abordar la cuestión de un Estado Catalán.
Final de la República y muerte de Clavé
La República entró en crisis a finales de 1873. El 3 de enero de 1874, un golpe de estado militar derrocó la República, restaurando la monarquía borbónica. Es considerado una figura destacada de la cultura del siglo XIX, con numerosas calles dedicadas a su nombre en toda España.
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