SINGUERLÍN: EL BARRIO QUE NACIÓ DE UNA BRONQUITIS
00 — Hay barrios que nacen alrededor de una fábrica, otros junto a una estación de tren y algunos porque no quedaba otro sitio donde construir. Pero Singuerlín, en Santa Coloma de Gramenet, tiene una historia bastante más curiosa: su nombre está relacionado con la bronquitis de un comerciante barcelonés que buscaba un lugar donde respirar mejor.
Lo que empezó como un paisaje de viñedos, pinares y casas de veraneo terminó convirtiéndose en un barrio popular, levantado entre pendientes imposibles, inmigración y mucho esfuerzo vecinal. ESTA ES SU HISTORIA.
01 — UN COMERCIANTE CON PROBLEMAS RESPIRATORIOS
01— Emili Singuerlín i Ros nació en Barcelona en 1881, en una familia de origen alsaciano por parte paterna y catalán por parte materna. Se dedicaba al negocio de la corsetería, una actividad bastante rentable cuando la moda femenina todavía exigía apretar la cintura a conciencia.
02— Pero nuestro protagonista tenía un problema: padecía bronquitis. Y como entonces los médicos recomendaban aire puro y tranquilidad, decidió buscar un refugio lejos del bullicio barcelonés. Lo encontró en las colinas de Santa Coloma de Gramenet, donde el paisaje todavía estaba dominado por viñedos, olivos, algarrobos y pinares.
03— Según los testimonios familiares, conoció aquellos terrenos después de visitar unas propiedades adquiridas por su cuñado, Ramon Lasaosa, en el entorno de la actual calle Santiago Rusiñol. El lugar le gustó tanto que decidió establecer allí su residencia de descanso.
02 — UNA TORRE QUE DIO NOMBRE AL BARRIO
04— En 1920, Emili Singuerlín levantó una gran torre de veraneo, cuya construcción habría costado unas 100.000 pesetas, una fortuna para la época. Junto a aquella residencia se construyeron trece casas alineadas. Aquello empezaba a parecer una pequeña urbanización.
05— La torre destacó tanto entre las modestas construcciones y los campos de cultivo que los vecinos comenzaron a identificar aquel sector con el nombre de Can Singuerlín. Con el tiempo, el apellido del propietario terminó dando nombre a todo un barrio. Una bronquitis no fundó una ciudad, pero contribuyó a bautizar uno de sus rincones más conocidos.
03 — DE VIÑEDOS A CIUDAD JARDÍN
06— Pero la urbanización de Singuerlín no fue únicamente consecuencia de aquella torre. Desde 1916, la Empresa Nacional de Tierras había impulsado la parcelación de terrenos agrícolas de Santa Coloma, vendiéndolos en pequeñas propiedades destinadas a familias que soñaban con tener su propia casita y un huerto.
07— Durante los años veinte y treinta, las antiguas fincas rurales comenzaron a transformarse en viviendas de veraneo y casas de autoconstrucción. Era la época de la famosa caseta i l’hortet, una aspiración muy extendida entre pequeños comerciantes, artesanos y trabajadores.
08— El problema era la geografía. Las calles se trazaban siguiendo las pendientes de la montaña, con recorridos estrechos y pronunciados desniveles. Sobre el papel, aquello podía parecer una agradable ciudad jardín. En la práctica, subir a casa después de trabajar acababa siendo un ejercicio físico bastante serio.
09— Santa Coloma crecía rápidamente. En 1920 tenía 2.728 habitantes y en 1930 ya alcanzaba los 12.930. La transformación del antiguo pueblo agrícola había comenzado mucho antes de la gran inmigración de la posguerra.
04 — LA INMIGRACIÓN TRANSFORMA SINGUERLÍN
10— Después de la Guerra Civil, el crecimiento urbanístico perdió impulso. Pero a partir de los años cincuenta, Santa Coloma recibió una nueva oleada de familias procedentes de distintos puntos de España, especialmente de Andalucía, Extremadura y otras regiones con pocas oportunidades laborales.
11— Llegaban buscando trabajo en las fábricas, la construcción y los servicios de Barcelona y su entorno industrial. Muchos acabaron instalándose en barrios como Singuerlín, donde todavía existían terrenos relativamente económicos, aunque las condiciones urbanísticas dejaban bastante que desear.
12— La población de Santa Coloma pasó de ser la de una pequeña localidad a alcanzar unos 137.000 habitantes en 1975. El crecimiento fue tan rápido que los servicios públicos no podían seguirle el ritmo. Primero llegaban las familias, después los edificios y, con suerte, años más tarde aparecían las escuelas, los ambulatorios y los transportes.
05 — UN PEDAZO DE JAÉN EN SANTA COLOMA
13— Entre los nuevos vecinos destacaron numerosas familias procedentes de la provincia de Jaén, especialmente de Huelma, localidad situada en la comarca de Sierra Mágina. Como ocurrió en tantos barrios metropolitanos, los recién llegados reconstruyeron sus redes familiares y sociales lejos de su tierra.
14— Compartían trabajo, dificultades y nostalgia. Y también una afición que no entendía de fronteras provinciales: el fútbol. En 1955, un grupo de vecinos decidió fundar el Club de Fútbol Singuerlín. No tenían apenas dinero, ni campo propio, ni grandes patrocinadores. Pero tenían ganas, que a veces es lo único que hace falta para empezar.
15— Para comprar las primeras equipaciones organizaron rifas, entre ellas la de un pavo vivo, y reunieron pequeñas aportaciones. Según la memoria histórica del club, el primer presidente fue un vecino conocido como Lorenzo, apodado el Organista. Los primeros encuentros se disputaron en campos prestados, entre ellos el de Baró de Viver.
16— Durante sus primeros años, el equipo pasó por distintas instalaciones y atravesó incluso una etapa con el nombre de CF Mágina, en homenaje a la sierra jienense. El fútbol se convirtió en mucho más que un deporte: era una manera de encontrarse, hacer amistades y sentirse parte de un barrio que todavía estaba construyéndose.
06 — CAN FRANQUESA Y LA GUINARDERA: VIVIR EN LAS ALTURAS
17— El crecimiento también alcanzó las zonas vecinas de Can Franquesa y la Guinardera. En Can Franquesa comenzaron a levantarse bloques de viviendas durante los años sesenta. Eran construcciones destinadas principalmente a familias trabajadoras, muchas de las cuales tuvieron que enfrentarse a una falta considerable de equipamientos.
18— Las pendientes complicaban cualquier desplazamiento. Ir a comprar, llevar a los niños al colegio o regresar cargado del mercado podía convertirse en una pequeña expedición de montaña. Y conseguir que el transporte público llegara hasta las calles más altas fue una reivindicación constante.
19— Los vecinos de Can Franquesa recuerdan incluso una protesta en la que se retuvo un autobús para demostrar que el vehículo podía superar las pendientes del barrio. Una manera bastante expeditiva de explicar a las autoridades que el problema no estaba necesariamente en el motor, sino en la voluntad de prestar el servicio. La anécdota aparece recogida en testimonios periodísticos, aunque su fecha exacta no está suficientemente documentada.
07 — LA LUCHA POR LOS SERVICIOS BÁSICOS
20— Como tantos barrios nacidos del desarrollismo franquista, Singuerlín y su entorno crecieron con importantes deficiencias urbanísticas. La falta de equipamientos, las dificultades del transporte y el estado de algunas calles se convirtieron en problemas cotidianos.
21— Las asociaciones vecinales desempeñaron un papel fundamental. Sus reivindicaciones contribuyeron a conseguir mejoras en pavimentación, alumbrado, transporte y servicios públicos. Porque muchas de las comodidades que hoy parecen normales no llegaron por generación espontánea: hubo vecinos que tuvieron que reclamarlas durante años.
22— La transformación continuó durante las décadas posteriores, con nuevas actuaciones urbanísticas y una mejora progresiva de las conexiones con el resto de Santa Coloma y Barcelona. Aun así, las pendientes y la distribución irregular de las calles siguen recordando el origen montañoso del barrio.
08 — UN BARRIO CON MEMORIA PROPIA
23— Singuerlín conserva una personalidad diferente de la de otros barrios metropolitanos. Su origen como ciudad jardín permitió mantener sectores de viviendas unifamiliares y antiguas torres de veraneo, aunque la posterior construcción de bloques modificó profundamente el paisaje.
24— La convivencia entre aquellas primeras casas, las viviendas autoconstruidas y los edificios de la segunda mitad del siglo XX explica buena parte de su aspecto actual. No es un barrio diseñado de una sola vez, sino el resultado de varias generaciones que fueron ocupando y transformando la montaña.
25— Y pensar que todo empezó, al menos en lo que respecta a su nombre, con un comerciante barcelonés que buscaba aire limpio para aliviar su bronquitis. Emili Singuerlín seguramente nunca imaginó que aquella torre de veraneo acabaría dando nombre a un barrio entero. Porque, al final, Singuerlín no nació solamente de una enfermedad respiratoria. Nació de la transformación de un paisaje rural y, sobre todo, del esfuerzo de miles de familias que hicieron de aquellas colinas su hogar.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Ajuntament de Santa Coloma de Gramenet; CF Singuerlín, memoria histórica; Gran Enciclopèdia Catalana; Grama, historia de Singuerlín; Metrópoli Abierta.
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