El 13 de octubre de 1909, al amanecer, un pelotón de soldados esperaba en el castillo de Montjuïc. Frente a ellos estaba Francisco Ferrer Guardia, un pedagogo de cincuenta años acusado de haber instigado la Semana Trágica de Barcelona. Su condena había provocado protestas internacionales y dividido a la sociedad española. Había fundado una escuela que pretendía enseñar a los niños a pensar por sí mismos. Ahora iba a morir fusilado. ¿Era un peligroso revolucionario o el hombre al que las autoridades necesitaban convertir en culpable?

 

UNA ESCUELA QUE INCOMODABA

Francisco Ferrer Guardia nació en Alella, cerca de Barcelona, en 1859. Procedía de una familia campesina acomodada y, desde joven, entró en contacto con el republicanismo y las corrientes políticas que cuestionaban la monarquía y el poder de la Iglesia.

Tras implicarse en actividades republicanas, pasó varios años en Francia. Allí conoció nuevas propuestas educativas y desarrolló una convicción que marcaría su vida: la enseñanza debía basarse en la ciencia, la razón y la libertad de conciencia, sin someterse a los dogmas religiosos.

En 1901 abrió en Barcelona la Escuela Moderna, situada en la calle Bailèn. Su propuesta era revolucionaria para la época: educación laica, enseñanza mixta, rechazo de los castigos físicos y una formación destinada a desarrollar el pensamiento crítico.

La escuela cuestionaba el modelo educativo tradicional, estrechamente vinculado a las instituciones religiosas. Para Ferrer, la educación podía contribuir a transformar la sociedad. Para sus adversarios, aquella idea escondía un peligro: formar generaciones de trabajadores que no aceptaran sin más el orden establecido.

UNA BOMBA EN MADRID

El 31 de mayo de 1906, durante la boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, una bomba estalló en la calle Mayor de Madrid. El atentado causó numerosas víctimas. Su autor fue Mateo Morral, que había trabajado como bibliotecario en la Escuela Moderna.

Aquella relación convirtió inmediatamente a Ferrer en sospechoso. Fue detenido y procesado por su presunta complicidad en el atentado. Sus enemigos aprovecharon el caso para señalar a la Escuela Moderna como un foco de propaganda revolucionaria.

Mientras Ferrer permanecía encarcelado, sectores conservadores intensificaron sus ataques contra la enseñanza laica. El debate dejó de centrarse exclusivamente en el atentado: también se discutía qué tipo de educación debía permitirse en España y quién tenía derecho a impartirla.

El ministro liberal de Instrucción Pública, Amalio Gimeno, defendió que no todas las escuelas laicas podían considerarse ilegales. El conflicto reflejaba una división profunda entre quienes reclamaban libertad de enseñanza y quienes veían en determinadas escuelas racionalistas una amenaza política y religiosa.

En junio de 1907, Ferrer fue absuelto de los cargos relacionados con el atentado. Pero la Escuela Moderna de Barcelona, clausurada tras los acontecimientos de 1906, no volvió a abrir sus puertas. Ferrer continuó difundiendo sus ideas pedagógicas mediante publicaciones y otros proyectos educativos.

LA SEMANA TRÁGICA

En julio de 1909, Barcelona estalló. La movilización de reservistas para la guerra de Marruecos provocó una huelga general que derivó en barricadas, enfrentamientos y ataques contra edificios religiosos. Durante varios días, la ciudad quedó sumida en una grave crisis social y política.

La llamada Semana Trágica, desarrollada entre el 26 de julio y los primeros días de agosto, dejó muertos, heridos y numerosos edificios incendiados. La respuesta de las autoridades fue contundente: detenciones, consejos de guerra y una intensa búsqueda de responsables.

Inicialmente, las sospechas se dirigieron hacia distintos sectores revolucionarios y republicanos, incluidos los seguidores de Alejandro Lerroux. Sin embargo, Ferrer fue adquiriendo protagonismo en las acusaciones, hasta ser presentado como uno de los principales instigadores de la revuelta.

La acusación encajaba con la imagen que sus adversarios habían construido durante años: un pedagogo anticlerical, relacionado con el movimiento libertario y promotor de una educación que cuestionaba las jerarquías tradicionales. Pero una cosa era su ideología y otra demostrar que había organizado la insurrección.

UN JUICIO CON SENTENCIA DE MUERTE

Ferrer fue detenido el 31 de agosto de 1909, más de un mes después del inicio de la Semana Trágica. El proceso quedó en manos de la jurisdicción militar, que lo acusó de haber dirigido la rebelión. La investigación reunió testimonios y antecedentes políticos, pero no aportó pruebas concluyentes de que Ferrer hubiera organizado los disturbios.

El 9 de octubre, en la cárcel Modelo de Barcelona, se celebró el consejo de guerra. El tribunal lo declaró culpable como autor y jefe de la rebelión y lo condenó a muerte. Todo ocurrió en una sola jornada, en un procedimiento que posteriormente ha sido objeto de severas críticas por sus irregularidades y por las limitaciones impuestas a la defensa.

La condena provocó una campaña internacional. Intelectuales como Anatole France denunciaron el proceso, mientras se organizaron manifestaciones en diversas ciudades europeas. Para sus defensores, Ferrer estaba siendo castigado tanto por sus ideas como por los hechos que se le atribuían.

El 11 de octubre fue trasladado al castillo de Montjuïc. Allí pasó sus últimas horas bajo vigilancia militar. Durante la noche anterior a su ejecución otorgó testamento ante el notario Ricard Permanyer, que permaneció con él hasta poco antes de su muerte. El documento se conserva y permite conocer sus últimas disposiciones.

El 13 de octubre de 1909, Ferrer fue conducido al lugar de ejecución, en los fosos del castillo. La tradición recoge que proclamó su inocencia y gritó «¡Viva la Escuela Moderna!». Las versiones sobre sus últimas palabras no coinciden exactamente, de modo que conviene no presentar una frase completa como transcripción indiscutible.

EL FUSILAMIENTO QUE DIO LA VUELTA AL MUNDO

El fusilamiento no puso fin a la polémica. Al contrario: multiplicó las protestas internacionales y convirtió a Ferrer en un símbolo del librepensamiento. La indignación por su ejecución contribuyó a la crisis política que desembocó en la caída del gobierno de Antonio Maura, pocos días después.

Su figura también quedó rodeada de interpretaciones enfrentadas. Para los sectores conservadores que lo habían combatido, representaba el peligro de la agitación revolucionaria. Para sus seguidores, era un educador perseguido por desafiar el monopolio ideológico de la enseñanza. El estudio histórico de su proceso ha permitido documentar graves irregularidades judiciales, sin necesidad de convertir su biografía en una leyenda sin matices.

Ferrer no era un personaje ajeno a la política. Había participado activamente en movimientos republicanos y libertarios, y defendía una profunda transformación social. Pero sus convicciones no constituían por sí mismas una prueba de haber dirigido la Semana Trágica. Esa distinción es fundamental para comprender la controversia de 1909.

La Escuela Moderna de Barcelona nunca reabrió. Sin embargo, sus planteamientos pedagógicos sobrevivieron en otras escuelas racionalistas y en movimientos educativos de distintos países. La enseñanza científica, la libertad de conciencia y la oposición a los castigos físicos formaron parte de un legado que fue mucho más allá de su fundador.

Ferrer Guardia murió condenado por un tribunal militar, pero su ejecución no consiguió borrar sus ideas. Más de un siglo después, su historia sigue planteando una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto puede una sociedad confundir la disidencia política con la culpabilidad penal? Aquel octubre de 1909, Barcelona perdió a un pedagogo. Y Europa encontró uno de los grandes símbolos de la lucha por la libertad de enseñanza.

Bibliografía consultada

  • Arxiu Històric de Protocols de Barcelona — Testamento de Francesc Ferrer i Guàrdia.

  • Fundación Ferrer Guardia — Biografía de Francisco Ferrer Guardia.

  • Generalitat de Catalunya — Boletín de la Escuela Moderna.

  • Universitat de Barcelona — Francesc Ferrer i Guàrdia i l’Escola Moderna.

  • Velázquez Vicente, Pascual — Estudio histórico-jurídico de la causa contra Francisco Ferrer Guardia (2012).

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FRANCISCO FERRER GUARDIA, EL MAESTRO QUE ACABÓ ANTE UN PELOTÓN DE FUSILAMIENTO

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