Núñez y Navarro: el rey de los chaflanes de Barcelona
Hablar de Núñez y Navarro es hablar de cómo Barcelona cambió de piel durante la segunda mitad del siglo XX. De los edificios que desaparecieron, los miles de pisos que se levantaron y una manera de entender el progreso en la que construir más no siempre significaba construir mejor.
Detrás de aquel imperio estaba Josep Lluís Núñez, un empresario que hizo fortuna con los chaflanes del Eixample, presidió el FC Barcelona durante 22 años y terminó condenado por corrupción.
Los orígenes de Josep Lluís Núñez: de contable a empresario inmobiliario
Josep Lluís Núñez Clemente nació el 6 de septiembre de 1931 en Barakaldo, Vizcaya. Su familia se trasladó a Cataluña cuando todavía era un bebé y, en 1938, se estableció en Barcelona.
A los catorce años empezó a trabajar mientras estudiaba contabilidad. Pronto se introdujo en el mundo de los seguros y los negocios, donde demostró una especial habilidad para los números y para descubrir oportunidades.
El 26 de septiembre de 1956 se casó con Maria Lluïsa Navarro, hija de un empresario de la construcción. Núñez entró en contacto con el negocio inmobiliario familiar y comenzó su propia actividad. En una Barcelona necesitada de viviendas, el ladrillo ofrecía oportunidades extraordinarias.
Núñez estudiaba solares, negociaba operaciones y supervisaba promociones, mientras su esposa participaba en la administración y las ventas. Durante los fines de semana, ambos enseñaban pisos a posibles compradores.
El nacimiento del imperio Núñez y Navarro
A mediados de los sesenta llegó el gran salto. Los cambios legislativos que favorecieron las viviendas de renta libre abrieron nuevas posibilidades para los promotores. Núñez las aprovechó creando distintas sociedades inmobiliarias.
En 1967 impulsó una intensa actividad empresarial que multiplicó sus operaciones y amplió rápidamente el negocio.
Barcelona vivía una transformación acelerada. Desde los años cincuenta, la inmigración procedente de otras regiones españolas había disparado la demanda de vivienda. Miles de familias habitaban pisos antiguos, sin ascensor y con instalaciones deficientes.
Núñez comprendió que existía un enorme mercado para viviendas modernas, con baño propio y mayores comodidades.
Su fórmula era sencilla: localizar solares o edificios antiguos bien situados, estudiar su aprovechamiento urbanístico y construir pisos funcionales y rentables.
Núñez y Navarro durante el porciolismo: el boom inmobiliario de Barcelona
Su expansión coincidió con el mandato del alcalde José María de Porcioles, entre 1957 y 1973. Fueron los años del desarrollismo, las grandes operaciones inmobiliarias y una política urbanística que permitió sustituir numerosos edificios históricos por bloques más rentables. Barcelona crecía, pero también perdía buena parte de su patrimonio arquitectónico.
El Ayuntamiento favorecía la expansión urbana y los promotores encontraban condiciones ventajosas. Las posibilidades de edificación y la presión inmobiliaria transformaron calles enteras.
Núñez y Navarro fue una de las empresas que mejor aprovechó aquel escenario, cuyo modelo urbanístico sería duramente cuestionado posteriormente.
¿Por qué llamaban a Núñez el rey de los chaflanes?
Su territorio predilecto fue el Eixample de Barcelona y, especialmente, sus chaflanes.
Aquellas esquinas recortadas que Ildefons Cerdà había diseñado para facilitar la circulación ofrecían interesantes posibilidades inmobiliarias.
Núñez aprendió a rentabilizarlas, ganándose un apodo que lo acompañaría siempre: el rey de los chaflanes.
Una de sus estrategias fue la permuta inmobiliaria. En lugar de pagar íntegramente por un terreno, ofrecía al propietario pisos o locales del futuro edificio.
Así reducía la inversión inicial y podía emprender más operaciones. Combinando permutas, distintas sociedades y una gestión centralizada, extendió su actividad por Barcelona y su área metropolitana.
La desaparición del patrimonio modernista de Barcelona
Pero aquella prosperidad tenía una cara menos amable. Durante los sesenta y setenta, la piqueta arrasó numerosos edificios modernistas y novecentistas.
Palacetes, torres ajardinadas y residencias singulares desaparecieron para construir nuevos bloques.
No fue responsabilidad de una sola empresa, sino de propietarios, promotores y administraciones que consideraban aquellas fincas simples terrenos edificables. Barcelona cambiaba patrimonio por metros cuadrados.
La Casa Golferichs y la lucha contra la especulación urbanística
Uno de los episodios más conocidos fue el de la Casa Golferichs, situada en la Gran Via con Viladomat.
Construida por el arquitecto Joan Rubió i Bellver, era una de las residencias modernistas más singulares de Barcelona. En 1972, Núñez y Navarro compró la finca para derribarla y construir viviendas. Pero la movilización vecinal paralizó el proyecto. En 1984, el Ayuntamiento adquirió el inmueble y, tras rehabilitarlo, lo abrió como equipamiento público en 1989. La piqueta, por una vez, tuvo que retirarse.
Con la llegada de la democracia, los movimientos vecinales, organizados desde los últimos años del franquismo, ganaron influencia.
Los proyectos empezaron a discutirse públicamente y la conservación del patrimonio adquirió una importancia hasta entonces desconocida.
Josep Lluís Núñez: 22 años como presidente del FC Barcelona
Mientras levantaba su imperio inmobiliario, Núñez entró en el fútbol.
En mayo de 1978 ganó las elecciones a la presidencia del FC Barcelona, cargo que ocuparía durante 22 años. Aplicó al club su mentalidad empresarial: control económico, ampliación del patrimonio y nuevas fuentes de ingresos.
Durante su mandato se remodeló el Camp Nou y se inauguraron el Miniestadi y el Museo del Barça.
Deportivamente, el club vivió una de sus etapas más exitosas. El primer equipo conquistó 27 grandes títulos oficiales, entre ellos siete Ligas y la primera Copa de Europa, ganada en Wembley en 1992 con Johan Cruyff como entrenador.
Núñez abandonó la presidencia en 2000, después de superar una moción de censura impulsada por Joan Laporta.
De constructora a imperio inmobiliario y hotelero
Paralelamente, Núñez y Navarro había dejado de ser únicamente una promotora para convertirse en una gran empresa patrimonialista. La familia acumulaba edificios de oficinas, locales comerciales, aparcamientos, viviendas en alquiler y hoteles.
El negocio ya no consistía solo en construir y vender, sino también en conservar propiedades que generaban ingresos periódicos.
Aquella estrategia contribuyó a que el grupo afrontara la crisis inmobiliaria de 2008 en mejores condiciones que muchas promotoras dependientes de las ventas.
Su patrimonio en alquiler proporcionaba ingresos recurrentes, aunque eso no significaba ausencia de deudas ni de dificultades financieras.
El caso Hacienda: la condena de Josep Lluís Núñez
Pero su trayectoria quedó marcada por un escándalo judicial.
El llamado caso Hacienda, una larga investigación por corrupción fiscal, terminó con la condena de Núñez y su hijo Josep Lluís Núñez Navarro.
La justicia consideró probado que habían sobornado a inspectores para obtener un trato fiscal favorable.
En enero de 2014, el Tribunal Supremo fijó sus penas en dos años y dos meses de prisión.
El 16 de noviembre de 2014, padre e hijo ingresaron en la prisión de Quatre Camins.
Su estancia inicial en régimen ordinario fue breve, antes de acceder a un régimen penitenciario más flexible.
Aquella condena supuso un durísimo golpe a su reputación.
La muerte de Josep Lluís Núñez
Josep Lluís Núñez murió en Barcelona el 3 de diciembre de 2018, a los 87 años.
El negocio familiar continuó vinculado a sus descendientes, especialmente a sus hijos Josep Lluís y Josep Maria.
El patrimonio de Núñez y Navarro: edificios históricos y hoteles de Barcelona
La dimensión de su patrimonio resulta reveladora.
En 2016, El Confidencial estimaba que Núñez y Navarro acumulaba activos inmobiliarios valorados en más de 1.500 millones de euros.
Entre sus propiedades figuraban la Torre Repsol de la calle Tarragona, valorada entonces en más de 57 millones, y La Rotonda de la avenida del Tibidabo, con una tasación similar.
El mismo informe mencionaba más de setenta edificios en Barcelona, además de hoteles y propiedades comerciales.
Entre ellos destacaban el Hotel 1898 de la Rambla, valorado entonces en unos 138 millones de euros, y la Casa Lleó i Morera, obra de Domènech i Montaner, valorada en más de 35 millones.
Resultaba paradójico que una empresa asociada durante años a la sustitución de edificios antiguos terminara incorporando a su patrimonio algunas joyas del modernismo.
El legado de Núñez y Navarro en la historia de Barcelona
Aquella evolución reflejaba un cambio de mentalidad. Durante el desarrollismo, una finca modernista podía considerarse un obstáculo para levantar viviendas rentables. Décadas después, conservar un edificio histórico podía convertirse en un negocio de gran valor.
AGRADECIMIENTOS/FUENTES CONSULTADAS
Ajuntament de Barcelona ·
Bohigas, O. ·
Busquets,
J. · Capel, H.
Casa Golferichs
Cordon Press
EFE
El Nacional
El País
FC Barcelona
La Vanguardia
Lacuesta, R. · Montaner, J. M. · MUHBA · Núñez i Navarro
Permanyer, L
Roca i Albert, F
Solà-Morales, M.
Tribunal Supremo
Vallcarca Som Barri · VV. AA.
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