CARLES EMILI MONTAÑÉS
Esta historia empieza cuando el ingeniero barcelonés Carles Emili Montañès diseño un proyecto de generación de la energía en Cataluña.

Necesitaba un banco que financiase la aventura, para ello, acudió a la banca Arnús y la Marsans que no se atrevieron a invertir ante tan inmenso proyecto.
Carlos Montañés era ingeniero en cabo de Tranvías de Barcelona. Su plan era una gran reestructuración urbanística que requería una gran inversión: Barcelona tenía que convertirse en un espacio comercial y de servicios y la zona industrial debía dirigirse hacia Terrassa y Sabadell. En el Collserola debía crearse una zona residencial con urbanizaciones de casitas con jardín, como se hará posteriormente en la Floresta Pearson (1922).
Proyectó la electrificación de Cataluña y, para acercar la zona de producción a Barcelona se tenía que crear una línea de ferrocarril que uniera Barcelona con el Vallès por la sierra de Collserola. Para ello era necesaria la construcción de grandes centrales hidroeléctricas que proporcionasen la energía necesaria para posibilitar el proyecto.
FREDERICK STARK PEARSON

El estadounidense Frederick Stark Pearson tenía la financiación y experiencia suficiente: había sido nombrado (1894) ingeniero jefe de la red metropolitana de ferrocarriles de Nueva York, había desarrollado el sistema de transporte eléctrico de Boston y construido grandes centrales eléctricas en Estados Unidos y América Latina.
Pearson y Carlos Montañés se citaron personalmente en la Plaza Cataluña para hablar por primera vez en persona del proyecto. Montañés lo llevó al Tibidabo (1911) para que viese una panorámica de la ciudad.
Cuando el norteamericano vio la cantidad de chimeneas que había en la ciudad se convenció que era una gran oportunidad. !Él conseguirá que todas aquellas industrias a vapor, en un futuro cercano, funcionaran con electricidad!
LA BARCELONA TRACTION LIGHT AND POWER

Fred Stark Peason negoció un contrato (1913) con el estado para la construcción de centrales hidroeléctricas para lo que se constituyó (12-9-1911) en Toronto, Canadá, la Barcelona Traction Light and Power Company conocida popularmente como “La Canadiense”. Con 40 millones de dólares de capital social.
El objetivo de la empresa era la producir y distribuir la electricidad en el área metropolitana de Barcelona para su uso en el alumbrado público, suministro doméstico y su uso industrial en fábricas, tranvías y ferrocarriles metropolitanos.
LAS CENTRALES ELECTRICAS DE LA VALL FOSCA
La energía la tomarían de una zona cercana a Tremp, en la Vall Fosca, un enclave pirenaico aislado.

Era necesaria la construcción de embalses de Sant Antoni (1916), Camarasa (1920), Terradets, un canal en Serós y centrales eléctricas en Cabdellà, Sossís (1912), Seròs (1914), Sant Antoni (1916), Camarasa (1920), Sant Llorenç (1930), Gavet (1931) y Terradets (1935). Además de conectar la zona con una carretera de 30 km desde La Pobla de Segur a Capdellà, donde, hasta ahora no había más que caminos.
A priori los ayuntamientos de la zona se opusieron al proyecto pues creían que perderían el río como medio de transporte de los troncos de la industria maderera. Algunos pueblos ya tenían luz para el alumbrado público.
…Pero los puestos de trabajo que ofrecerían las obras eran una buena oportunidad para la zona, muy afectada por la plaga de la filoxera (1900). Francesc Macià en un principio quiso impugnar el acuerdo en Aitona…pero finalmente aceptó.
Todo estaba financiado por la Energía Eléctrica de Cataluña y por la Barcelona Traction que había absorbido a la Tramways de Barcelona y la Compañía Barcelonesa de Electricidad de Tomás Dalmau que tenía su central térmica en el Paralelo.

La central pirenaica necesitaba 3000 operarios… pero el valle solo tenía 1500 vecinos, debieron contratarse más de 3000 operarios. De Lleida, que contaba con 50000 habitantes se movilizaron más de 10.000 vecinos aunque también llegaron de otras partes de Cataluña, de Murcia y Andalucía .
Al finalizar el proyecto muchos de los trabajadores acabarían en las barriadas de Barcelona.

Los jefes eran extranjeros: americanos y canadienses, y por primera vez las gentes del pueblo vieron hombres montados a caballo y con sombrero!, venían de construir el Canal de Panamá!.
Ingenieros texanos realizaron los primeros mapas topográficos (1911) del área y se tuvieron que producir y transportar miles de toneladas de cemento para la construcción de las presas y centrales, además se tenía que conectar por carretera la comarca del Pallars Jussà con la Noguera por Terradets.

En tres meses, la carretera de la Pobla de Segur a la central de Cabdella, estaba concluida. Los vecinos del Pallars vieron los primeros coches de sus vidas.
LOS TRENES DEL VALLÉS

Paralelamente a las obras del Pirineo, se fundó la Sociedad de Ferrocarriles de Cataluña (1912) con la intención de perforar un túnel para enlazar Barcelona por Vallvidrera hasta El Vallés. Había que facilitar las vías de acceso y potenciar nuevos núcleos de población en las proximidades de Barcelona. Cuando el tren llegó a Sant Cugat, Pearson hizo construir un campo de golf en La Floresta.
En 1914 entraron en servicio la central de La Serós (1914), del grupo Barcelona Traction, y la de Cabdella de Energía Eléctrica de Cataluña. Poco después se concluyeron las presas de Talarn (1916) y la de Camarasa (1920), la más grande de Europa. Tremp paso de 2000 a 6000 habitantes.

El estallido de la Primera Guerra Mundial afectó muchísimo a La Canadiense pues Reino Unido prohibió la salida de capitales de sus fronteras lo que supuso que el precio del carbón se pusiera por las nubes, los suministros no llegaban o llegaban por retraso. La empresa entró en quiebra y, para colmo, Pearson murió (1915) junto a su esposa al ser torpedeado el barco Lusitania en el que viajaba de NY hacia Londres para asistir a la asamblea de accionistas de la empresa donde se iba de decidir desbloquear las del Pirineo.
Con la finalización de las obras del pantano de Sant Antoni, en Tremp (1916) se posibilitó que la energía hidroeléctrica a gran escala llegase a Barcelona y las fábricas dejasen de depender del carbón importado.
En Barcelona todo iba como una seda. La 1 Guerra Mundial había enriquecido a la clase industrial enormemente pero para la clase obrera había significado una gran inflación. En Barcelona se estaba inaugurando la línea de Plaza Cataluña a Les Planes (1916). Tres años más tarde (1919) llegará el tren a Terrassa… y en 1922 a Sabadell.
En 1918 se declaró una fuerte epidemia de gripe en el Pirineo entre los trabajadores de la Canadiense y cientos de ellos tuvieron que dejar de trabajar. Dormían hacinados en unas casetas construidas a modo de viviendas. Para aislarlos se construyó el llamado “hospital de cartón”.
La CNT había aprobado la unificación de los muchos sindicatos gremiales en un sindicato por cada ramo (1910) a fin de ir todos a una contra los patronos y obligarlos a negociar. En 1919 la CNT pasó de tener 30.000 a 750.000 afiliados.
LA HUELGA GENERAL
Todo empezó en Camarasa (1919), durante la construcción del pantano. La chispa fue el despido de ocho trabajadores de la empresa Riegos y Fuerzas del Ebro S.A, filial de “la Canadiense” por estar afiliados a la CNT. Sus compañeros se declararon en huelga y la empresa contraataco despidiendo a cien asalariados más.
Por solidaridad, pararon también los trabajadores de la sede de Barcelona. Los obreros estaban envalentonados tras la revolución de los obreros rusos hacía apenas dos años (1917).
La CNT convocó una huelga general. Entre febrero y marzo de 1919 se extendió por toda Cataluña. El Gobierno encabezado por el Conde de Romanones decretó el estado de guerra. Se incautaron los servicios públicos para que los restablecieran los ingenieros militares. Pero no pudieron evitar que Barcelona sufriera continuos apagones de luz y cortes en el suministro de agua y el gas. Las colas para comprar carbón eran interminables.

La burguesía industrial estaba en shock, dispuesta a impulsar, en último término, un régimen fascista con tal de acabar con la conflictividad sindical, no en vano, en 1923 llegó la dictadura de Miguel Primo de Rivera algunos años del pistolerismo.
Cerraron los almacenes el Siglo, los teatros del Paralelo, la Boquería. Los tranvías pararon a la hora señalada y los periódicos dejaron de imprimirse. Era una prueba de fuerza del sindicalismo a la patronal.

¡Las manifestaciones que discurrieron por el Paseo San Juan fueron impresionantes!. Tras 44 días de huelga, 3000 detenidos y cuatro muertos, los trabajadores, reunidos en la plaza de toros de Las Arenas, oyeron el discurso de Salvador Seguí (19-3-19) excarcelado hacía unas horas del buque Pelayo atracado en el puerto.
Expuso ante 20000 trabajadores y trabajadoras las condiciones pactadas: la readmisión de los despedidos, la limitación del trabajo infantil, la amnistía para los apresados por el conflicto, un aumento de sueldo y, sobre todo, por primera vez en Europa y segunda vez en el mundo… una jornada laboral de 8 horas.

En realidad, la jornada laboral de 8 horas llegó años más tarde tras duras negociaciones entre los sindicatos y la patronal.

PISTOLERISMO

En diciembre de 1919 la federación de la patronal creó los sindicatos libres o amarillos formados por esquiroles, delatores, rompe huelgas y por pistoleros cuya misión consistía en dar muerte a los líderes sindicales. Éstas bandas eran pagadas por los patronos. Los sindicatos contraatacaron con más violencia. En noviembre de 1920 es nombrado Gobernador Civil de Barcelona, Martínez Anido que declara ilegal la CNT.
En Barcelona, entre 1914 y 1921 el número de obreros asesinados por la patronal ascendió a 523. El 30 de noviembre de 1920 Francesc Layret, abogado de los obreros de Cataluña fue asesinado por pistoleros del sindicato libre cuando intentaba conseguir la libertad de Companys, Salvador Seguí y otros sindicalistas.
Salvador Seguí, apodado “El Noi del Sucre”, también será asesinado en la calle Cadena (1923). Barcelona parecía el Chicago de Al Capone!.
El 13 de septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Ribera dio un golpe de estado con el apoyo de la monarquía, el clero, el ejército y las élites económicas del país.
LA EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE 1929
Faltaban cinco años para la celebración de la Exposición Internacional de Barcelona (1929) en la zona de Montjuïc. El proyecto del Marqués de La Foronda llevaba gestándose desde hacía 15 años. La iluminación tendrá un papel principal en el evento .

Trabajaron en las obras más de 1000 obreros.
Se pretendía urbanizar la montaña de Montjuïc, hasta entonces infravalorada: solo se utilizaba para hacer fontanas (los picnics de la época), y para explotar sus pedreras de dónde se extraía la piedra usada para la construcción en Barcelona.
Los reyes inauguraron la Exposición Universal. El marqués de la Foronda que era el comisario, estaba exultante. Se presentaban las novedades tecnológicas del momento: La telefonía, la radio, el automóvil y sobre todo, la luz eléctrica que llegaría de la central de Cabdellà para iluminar a toda Barcelona.
El lavado de cara de la montaña de Montjuïc fue total : se urbanizó con jardines, grandes edificios y sobre todo la fantástica fuente de colores de Bohigas.
EL FIN DE LA CANADIENSE
Durante la guerra civil la empresa fue colectivizada y devuelta a sus propietarios tras el conflicto, pero Franco no podía permitir que una empresa con capital belga controlase la energía. Para ello montó un plan político-judicial. Un juzgado de Reus decretó la quiebra de la empresa. Uno de los denunciantes era el banquero mallorquín Joan March presidente de FECSA que ya había intentado comprar la empresa a los belgas.
El gobierno hizo un simulacro de subasta adjudicándola, como nó, a FECSA por 10 millones de pesetas, un precio ridículo. En realidad erra un regalo de Franco por los favores que le debía a March quien le ayudó a financiar en el 1936 el golpe contra el gobierno republicano.
Los propietarios belgas, Sidro, presentaron demandas durante años hasta que el Tribunal de la Haya que falló a favor de FECSA. En la sentencia no se ponía en duda que los belgas pudiesen tener razón pero había un problema de forma: el gobierno al que se debía haber interpuesto la denuncia no era Bélgica, sino Canadá, sede de la compañía…
La central eléctrica del Paralelo siguió con su producción hasta 1987 cuando el Ayuntamiento no permitió por más tiempo que las Tres Chimeneas siguiesen contaminando el Paralelo.
La Traction Light fue la principal empresa eléctrica española y una de las más importantes de Europa. En Cataluña monopolizó la producción y distribución de la electricidad.
Entre 1912 y 1940 construyó 12 centrales hidroeléctricas!!
De la Canadiense nos queda su recuerdo en el Paralelo, sus famosas chimeneas… el monumento a Pearson en Pedralbes (1928), y cerca de allí se di0 su nombre a una avenida de Barcelona que alberga muchas de las mejores mansiones. También en toda Cataluña hay varias poblaciones con calles que llevan su nombre.
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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Institut Cartogràfic de Catalunya.
Rodrigo, Martín, Los Goytisolo.De hacendados en Cienfuegos a inversores en Barcelona
Sánchez, Alex. «El proceso de disolución de la Sociedad Bonaplata, Vilaregut, Rull y Cía. (1835-1838)» a Col·lecció Homenatges, Doctor Jordi Nadal, Volum II. Barcelona, pàg. 972-988.
https://quinalafem.blogspot.com/
El periodico
barcelodona.blogspot.com
Institut Cartogràfic de Catalunya.
http://www.izard.cat/El%20Transport%20Hidroelectric.pdf
Revista Memoria.mx
El Museu Hidroelèctric de Cabdella
Fondo histórico ENDESA
Albert Caballero
FOTOS: Arxiu Izard de Lleida Josep Maria de Segarra, Rosendo Olona, Barcelodona.
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Buenas tardes. Mi nombre es Lourdes, mi abuela, señora de la alta sociedad de la Barcelona de principios de siglo, siempre me dijo que su padre había sido uno de los ingenieros que trabajó en el proyecto de electrificación de Cataluña, que trabajó en La Canadiense. Mi bisabuelo nacido en La Coruña fue Emilio de Boado y Castro.En estos momentos me encuentro haciendo una historia familiar -soy historiadora- y me interesa todo lo que tenga que ver con esta empresa y toda su historia.
¿Le ha aparecido este nombre en algún documento?
Gracias por su atención.
Cordiales saludos,
Lourdes J. Silva
Málaga
Hemos encontrado esta info que deberías constrastar para darla por cierta: La empresa Barcelona Traction, Light and Power Company, Limited fue fundada en 1911 por el ingeniero estadounidense Frederick Stark Pearson con capital mayoritariamente canadiense
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. Debido a este origen, en Cataluña se la conoció popularmente como “La Canadiense” (en catalán, “La Canadenca”)
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. Su filial en España, Riegos y Fuerzas del Ebro, S.A., se constituyó en Barcelona ese mismo año para operar las concesiones eléctricas e hidráulicas en Cataluña
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. La empresa tenía como objetivo desarrollar un sistema integrado de producción y distribución de electricidad en Cataluña, incluyendo la electrificación de tranvías y ferrocarriles urbanos de Barcelona
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. Para ello emprendió ambiciosos proyectos hidroeléctricos en el Prepirineo, construyendo grandes infraestructuras como el canal industrial de Seròs y las presas de Camarasa y Sant Antoni, que conformaron el primer sistema integrado de embalses y centrales de España
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. Hacia 1914, La Canadiense ya era la principal compañía eléctrica de Cataluña, consolidando un monopolio tras adquirir a su competidor Energía Eléctrica de Cataluña en 1923
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. En su accionariado y consejo de administración participaban destacados inversores internacionales; por ejemplo, el financiero belga Alfred Loewenstein formó parte del consejo entre 1918 y 1925
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.
Esta empresa, registrada en Toronto pero operando en Barcelona, desempeñó un papel esencial en la modernización eléctrica de Cataluña. Controlaba tanto la generación (con sus saltos de agua y centrales) como la distribución de electricidad, así como servicios relacionados (tranvías, ferrocarriles, alumbrado)
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. Con más de mil empleados solo en sus oficinas de Barcelona
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, La Canadiense se convirtió en un actor económico de primer orden en la región. Sin embargo, también fue protagonista de uno de los conflictos laborales más importantes de la historia española: la gran huelga de “La Canadiense” de 1919, que paralizó Cataluña y tuvo repercusiones nacionales. En este contexto se inscribe la figura de Emilio de Boado y Castro, un alto directivo español de la compañía cuyo rol merece ser examinado.
Perfil biográfico de Emilio de Boado y Castro
La información biográfica disponible sobre Emilio de Boado y Castro es escasa en fuentes públicas, lo que sugiere que su notoriedad proviene principalmente de su papel empresarial. Se sabe que Boado y Castro era de nacionalidad española y formaba parte del círculo directivo de La Canadiense durante las décadas de 1910 y 1920. Es posible que perteneciera a una familia gallego-asturiana de militares e ingenieros (su apellido coincide con el de José Boado y Castro, un comandante de artillería coruñés de la misma época) y que tuviera formación técnica o militar, aunque estos detalles no están documentados explícitamente en las fuentes consultadas
santurtzihistorianzehar.net
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.
Lo cierto es que Emilio de Boado y Castro ocupó un puesto de alta responsabilidad en la estructura de Barcelona Traction en España. Si bien las crónicas históricas de la empresa suelen centrarse en las figuras de los fundadores extranjeros (Pearson, el canadiense William F. Rawlings, o el director general Frank Fraser Lawton) y en colaboradores catalanes como Carles Emili Montañés, se menciona menos a los directivos españoles que gestionaban el día a día de la compañía. Boado y Castro habría sido uno de estos directivos locales de confianza, actuando de enlace entre la dirección foránea y la realidad empresarial española.
En ausencia de una biografía pública detallada, no se han encontrado datos sobre su fecha de nacimiento, formación académica ni trayectoria previa a su incorporación en La Canadiense. Tampoco figura con entrada propia en enciclopedias generales ni en la prensa de la época consultada. Esto indica que su renombre está ligado casi exclusivamente a sus funciones dentro de Barcelona Traction. Aún así, su apellido Boado sí aparece asociado a altos cargos técnicos de la marina mercante y la educación náutica durante el primer tercio del siglo XX (por ejemplo, el almirante Leopoldo Boado Suances)
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, lo que sugiere que Emilio pudo compartir ese entorno social de técnicos e ingenieros. En resumen, Boado y Castro fue un directivo español de primer nivel en La Canadiense, cuyo perfil exacto permanece en relativa penumbra histórica debido a la escasez de referencias explícitas en las fuentes disponibles.
Trayectoria profesional y funciones en La Canadiense
Dentro de la estructura de La Canadiense, Emilio de Boado y Castro habría desempeñado funciones administrativas y gerenciales clave. La empresa Barcelona Traction estaba organizada con una dirección general anglófona pero necesitaba ejecutivos locales para operar en España. Pearson había establecido en Barcelona la sociedad Riegos y Fuerzas del Ebro, S.A. como brazo operativo, adjudicándole todas las concesiones y activos en el país
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. Es razonable suponer que Boado y Castro integró el consejo de administración o la alta gerencia de Riegos y Fuerzas del Ebro, participando en la toma de decisiones estratégicas y operativas.
La dirección general recayó en extranjeros como el canadiense Fraser Lawton, quien era director gerente durante los años de la Primera Guerra Mundial y posguerra
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. No obstante, Lawton contaba con el apoyo de un equipo directivo que incluía a españoles. Boado y Castro muy probablemente ocupó un cargo similar al de gerente adjunto, director administrativo o apoderado de la compañía en Barcelona, encargándose de asuntos legales, financieros y laborales cotidianos. Su profundo conocimiento del entorno local habría sido invaluable para lidiar con las autoridades españolas, los sindicatos y los proveedores nacionales, complementando la visión de los inversores extranjeros.
Entre las responsabilidades de Boado y Castro pudo estar la supervisión de las operaciones de generación eléctrica (coordinando ingenieros en las centrales hidroeléctricas de Camarasa, Sant Antoni, Seròs, etc.) así como la gestión del personal y las relaciones laborales en la empresa. De hecho, La Canadiense hacia 1918-1919 empleaba a miles de trabajadores en Cataluña (entre personal de oficinas, técnicos de planta y obreros), lo que requería una administración compleja. Es probable que Boado y Castro interviniese en decisiones corporativas cruciales, como las políticas salariales y contractuales que se tomaron a finales de la década de 1910. Por ejemplo, a fines de enero de 1919, la compañía implementó un polémico cambio en las condiciones laborales: pasó a plantilla fija a varios empleados eventuales, pero con una reducción encubierta de sueldo, lo que encendió la protesta obrera
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. Aunque las fuentes no nombran individualmente a los ejecutivos implicados en esta medida, es lógico pensar que Boado y Castro, como directivo español, participó en su planificación o ejecución en coordinación con Lawton.
Cabe destacar que las memorias históricas de la empresa no siempre distinguen a cada figura interna, pero Boado y Castro representaría al establecimiento empresarial español dentro de La Canadiense. Es decir, era uno de esos hombres de confianza locales que garantizaban la continuidad del negocio más allá de los vaivenes de los directores extranjeros (recordemos que Pearson murió trágicamente en 1915, y otros inversores como Cambó o Heineman actuaban más desde el ámbito financiero). En suma, Emilio de Boado y Castro fue un miembro fundamental del aparato directivo de La Canadiense, encargado de mantener operativa la empresa en territorio español y de aplicar las decisiones corporativas en el terreno.
La huelga de La Canadiense de 1919 y las decisiones empresariales
El episodio más célebre ligado a La Canadiense –y que marcó la gestión de sus directivos– fue la gran huelga de 1919. Este conflicto se inició el 5 de febrero de 1919 y se prolongó por 44 días, paralizando aproximadamente el 70% de la industria catalana
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. Sus causas inmediatas residieron en la política laboral de la empresa: como se mencionó, la dirección impuso una rebaja salarial encubierta al efectivizar a trabajadores temporales, lo que provocó la queja organizada de estos empleados. La reacción de la gerencia fue despedir a ocho trabajadores de la sección de facturación que encabezaban la protesta
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. Lejos de aplacar el conflicto, esta medida encendió la solidaridad del resto de oficinistas: el personal de facturación respondió declarando una huelga de “brazos caídos”, negándose a trabajar mientras no readmitieran a sus compañeros despedidos
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. La respuesta empresarial fue escalando: se despidió entonces a 140 empleados más y se intentó reemplazarlos con personal de otras secciones
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. En pocos días, la huelga parcial se convirtió en total dentro de Riegos y Fuerzas del Ebro, extendiéndose luego al sector eléctrico entero de Barcelona y a industrias afines.
Desde la perspectiva de la empresa, la posición inicial fue de intransigencia absoluta. El director Fraser Lawton, respaldado por los propietarios, se negó a negociar con el sindicato al comienzo de la huelga
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. Es de suponer que Emilio Boado y Castro, como parte de la dirección, respaldó esta línea dura. Las comunicaciones de la compañía con las autoridades civiles reflejaban esa postura: se emitieron ultimátums advirtiendo que si los empleados no regresaban al trabajo serían todos despedidos (uno de estos avisos fijó el 6 de marzo como fecha límite)
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. Además, la empresa presionó al Gobierno acusando al Gobernador Civil de Barcelona de mostrarse “débil” ante los huelguistas
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. Esta actitud cerrada de la patronal incluso alimentó las suspicacias de algunos contemporáneos: se llegó a afirmar que los principales accionistas, Dannie Heineman y el político catalán Francesc Cambó, no tenían prisa por resolver la huelga, ya que la prolongación del paro hacía caer el valor de las acciones, facilitando que ellos compraran títulos a bajo precio
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. En efecto, tras la muerte de Pearson, Heineman (de origen estadounidense) y Cambó habían tomado control de Barcelona Traction, y según esta interpretación, buscaron anteponer sus intereses financieros a corto plazo por encima del diálogo laboral
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.
Sea como fuere, la huelga cobró tal magnitud que puso en jaque tanto a la empresa como al Estado. La producción eléctrica cesó por completo el 23 de febrero de 1919, dejando a Barcelona a oscuras y sin transporte público
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. La economía catalana quedó paralizada. Ante esta crisis, el Gobierno central (presidido por el Conde de Romanones) inicialmente endureció su posición –declaró el estado de guerra y militarizó a los trabajadores huelguistas el 13 de marzo–, pero pronto comprendió que debía buscar una solución negociada
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. Para ello designó como mediador al ingeniero Carles Montañés, viejo conocido de La Canadiense (había sido cofundador de la empresa años atrás), nombrándolo Gobernador Civil de Barcelona con poderes especiales
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. Montañés asumió un rol crucial: obligó al director gerente Lawton a sentarse a negociar, al tiempo que hizo gestiones políticas como liberar al líder sindical Salvador Seguí para facilitar el acuerdo
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. Bajo su mediación y la del subsecretario de la Presidencia, José Morote, los representantes de la empresa y el comité de huelga se reunieron los días 15, 16 y 17 de marzo de 1919
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.
El 17 de marzo de 1919 finalmente se alcanzó un acuerdo histórico entre La Canadiense y los trabajadores
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. La empresa cedió en prácticamente todas las demandas: aceptó readmitir a todos los huelguistas despedidos sin represalias, concedió un aumento general de salarios, pagaría la mitad de los días de salario perdidos durante la huelga y –lo más trascendental– se comprometió a implantar la jornada máxima de 8 horas diarias para su personal
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. Asimismo, el Gobierno acordó liberar a los obreros detenidos (había entre 3.000 y 4.000 presos, muchos en el castillo de Montjuïc)
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y reabrir los sindicatos clausurados. Estos compromisos se sometieron a la aprobación de una asamblea obrera masiva celebrada el 19 de marzo en la Plaza de toros Las Arenas, con más de 20.000 trabajadores; la asamblea ratificó el acuerdo por unanimidad
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, dando por finalizada la huelga. Como consecuencia directa, el 3 de abril de 1919 el gobierno español hizo extensiva a todo el país la conquista principal de este conflicto: promulgó el Decreto de la jornada de ocho horas, convirtiendo a España en el primer estado del mundo en adoptar la jornada laboral de ocho horas por ley
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.
Para Emilio de Boado y Castro, al igual que para el resto de la cúpula de La Canadiense, la huelga de 1919 supuso un desafío sin precedentes. La dirección empresarial tuvo que ceder en aspectos que meses antes no estaba dispuesta ni a discutir. No hay constancia documental de que Boado y Castro participara directamente en la mesa de negociaciones (las crónicas mencionan principalmente a Montañés por la parte gubernamental y a Lawton por la compañía). Sin embargo, dado su alto cargo, es casi seguro que estuvo involucrado en la implementación del acuerdo dentro de la empresa y en las deliberaciones internas previas a la rendición patronal. Tras la huelga, La Canadiense volvió a funcionar con normalidad y cumplió con los términos pactados: los despedidos recuperaron sus puestos y la jornada de 8 horas se hizo realidad cotidiana en la empresa desde 1919, anticipándose al decreto general. Boado y Castro habría sido uno de los encargados de asegurar que estas decisiones se ejecutaran en la práctica, adaptando la organización del trabajo de la compañía a las nuevas normas laborales.
Impacto en la historia laboral y económica de España
La resolución de la huelga de La Canadiense marcó un hito en la historia laboral española. Supuso una victoria sin precedentes del movimiento obrero, logrando conquistas que hasta entonces parecían utópicas
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. Gracias a esta lucha se consolidó en España la jornada laboral de 8 horas, un logro que tuvo un enorme impacto social y económico a largo plazo. Miles de trabajadores en todo el país se beneficiaron inmediatamente de la reducción de la jornada máxima, mejorando sus condiciones de vida. Además, la huelga fortaleció enormemente a los sindicatos, en particular a la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) de tendencia anarcosindicalista, que vio multiplicada su afiliación tras el conflicto (de unos 80.000 miembros en 1918 pasó a más de 800.000 a fines de 1919)
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. En este sentido, la empresa de Boado y Castro involuntariamente se convirtió en catalizadora de un avance laboral histórico. El propio Gobierno tuvo que reconocer la fuerza obrera y legislar en consecuencia, cambiando el equilibrio en las relaciones laborales.
En contrapartida, el periodo que siguió a 1919 en Barcelona estuvo marcado por el pistolerismo y la conflictividad social: sectores patronales reaccionaron con dureza y violencia ante el empuje sindical. La Canadiense en particular fue escenario de algunas tensiones posteriores, aunque ya nunca enfrentó una huelga tan prolongada como la de 1919. Para la empresa, el golpe económico de aquellos 44 días fue significativo (perdió gran parte de sus ingresos del primer trimestre de 1919 y su reputación quedó afectada), pero logró recuperarse en los años siguientes. Continuó ampliando sus infraestructuras durante la década de 1920 y operando bajo el marco regulatorio nuevo. Es probable que Emilio de Boado y Castro continuase en puestos directivos de la compañía durante esos años, adaptándose al nuevo clima laboral más reglamentado.
En el plano económico nacional, La Canadiense mantuvo su posición dominante en el mercado eléctrico catalán hasta los años 1930. Sin embargo, la Gran Depresión y los problemas financieros internacionales afectaron a Barcelona Traction. La empresa acumuló deudas y acabó entrando en suspensión de pagos durante la Guerra Civil española. Finalmente, en 1948, un consorcio encabezado por el financiero mallorquín Juan March adquirió Barcelona Traction por una fracción de su valor real
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. Esta polémica compra –apoyada por el régimen de Franco– dejó fuera a los antiguos accionistas belgas y canadienses, derivando en un largo pleito internacional (Caso Barcelona Traction, Bélgica vs. España, resuelto en la Corte Internacional de Justicia en 1970). La Canadiense pasó a manos españolas y en 1951 fue integrada en la nueva empresa eléctrica FECSA (Fuerzas Eléctricas de Cataluña, S.A.)
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. En esta etapa final, la dirección de la compañía se renovó con notables personalidades del franquismo (como el naviero Ernesto Anastasio, nombrado consejero en 1948)
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. No está claro si para entonces Emilio de Boado y Castro seguía involucrado; es posible que ya se hubiera retirado o fallecido, pues su nombre no figura entre los directivos de la era Juan March. En cualquier caso, su legado quedó unido al ciclo de vida de La Canadiense: desde su expansión inicial hasta el conflicto laboral que cambió a España, y la posterior nacionalización de facto del suministro eléctrico en Cataluña.
Conclusiones
Emilio de Boado y Castro fue un alto directivo español de La Canadiense cuya figura ejemplifica la participación de técnicos y administradores locales en las grandes empresas multinacionales de principios del siglo XX. Aunque su perfil público fue discreto, desempeñó un papel importante en la gestión cotidiana y estratégica de Barcelona Traction en España. Le tocó vivir y afrontar la gran huelga de 1919, durante la cual formó parte de la dirección que inicialmente resistió las demandas obreras y luego debió ceder ante la presión social y gubernamental. Si bien su nombre no aparece destacado en las crónicas, Boado y Castro estuvo entre los gestores que implementaron el acuerdo que trajo consigo la jornada de ocho horas y otras mejoras históricas
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. Este acontecimiento lo vincula directamente a uno de los hitos del movimiento obrero español.
En la historia económica, La Canadiense dejó lecciones sobre las relaciones entre capital extranjero, empresariado local y Estado. El papel de Boado y Castro refleja cómo los directivos españoles debieron mediar entre las órdenes de los inversores foráneos y la realidad laboral y política del país. Al final, la saga de Barcelona Traction –incluyendo su quiebra y rescate por capital español– mostró las tensiones entre el interés nacional y el inversor extranjero, un tema en el que España ganaría experiencia temprana. La contribución de Emilio de Boado y Castro, aunque poco reconocida individualmente, formó parte integral de esa etapa de desarrollo industrial y de cambio social. Su gestión ayudó a construir la infraestructura eléctrica de Cataluña y a capear una de las tormentas sociales más importantes del siglo XX en España. En definitiva, su trayectoria está ligada indisolublemente al auge y devenir de La Canadiense, una empresa cuyo impacto trascendió lo empresarial para inscribirse en la historia laboral de la nación.
Fuentes consultadas: La Vanguardia (archivo histórico), Wikipedia (esp. entradas Huelga de La Canadiense y Barcelona Traction), Mundo Obrero, Regeneración Libertaria, archivos del BOE y revista Historia Hispánica de la RAH
es.wikipedia.org
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, entre otras fuentes que documentan la época. Las referencias detalladas se incluyen a continuación para mayor verificación.
Referencias
Barcelona Traction – Wikipedia, la enciclopedia libre: Historia de la fundación y expansión de la compañía eléctrica conocida como «La Canadiense»
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Huelga de La Canadiense – Wikipedia, la enciclopedia libre: Desarrollo y consecuencias de la huelga de 1919, incluyendo la implantación de la jornada de ocho horas
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Eduardo Pérez, “La oscuridad que iluminó las ocho horas de trabajo” – El Salto (3 abr 2018): Relato del conflicto de 1919, mencionando la negativa inicial a negociar del director general Fraser Lawton
elsaltodiario.com
y la gravedad de la paralización industrial.
“Cien años de una huelga” – La Vanguardia (19/03/2019): Artículo con contexto histórico, destacando el papel de Carles Montañés como mediador que forzó a Lawton a aceptar la negociación
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y la estrategia de Cambó y Heineman durante la huelga
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Mundo Obrero (07/03/2022), “Los precursores de la clase obrera”: Reseña histórica que resume las causas de la huelga (reducción salarial al pasar eventuales a fijos) y la magnitud del monopolio de La Canadiense en Cataluña
mundoobrero.es
regeneracionlibertaria.org
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Regeneración Libertaria (08/02/2016), “La huelga de ‘La Canadiense’”: Crónica del conflicto con énfasis anarcosindicalista; confirma los términos del acuerdo del 17 de marzo de 1919 (subida de sueldos, 8 horas, readmisiones, libertad a detenidos)
regeneracionlibertaria.org
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Gaceta de Madrid, Decreto de 3 de abril de 1919: Establecimiento oficial de la jornada de 8 horas en España, consecuencia directa de la huelga
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Ernesto Anastasio Pascual – Museu Marítim de Barcelona: Biografía que menciona la renovación del consejo de Barcelona Traction tras su compra por Juan March en 1948, paso previo a la creación de FECSA
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mmb.cat
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