Cortes Cinema, el cine de Fort Pienc que miraba a la Monumental
El desaparecido Cortes Cinema se levantó en un punto muy reconocible del Eixample: la esquina de la calle Lepant con la antigua calle Cortes, en el número 794 (hoy Gran Via de les Corts Catalanes). Quedaba frente a la entrada posterior de la plaza de toros Monumental y muy cerca de la parroquia de la Mare de Déu del Roser (Virgen del Rosario). Un cruce de barrio, de tránsito y de domingo: toros, misa y cine en el mismo paisaje urbano.
1932: un cine en un descampado
El Cortes fue uno de los pocos cines del Fort Pienc, en una época en que Barcelona vivía una fiebre de salas. La zona, además, tenía un carácter especial: alrededor quedaban todavía huellas de la Estació del Nord, vías, terrenos vacíos y grandes espacios sin urbanizar cerca de la futura plaza de les Glòries, que entonces era más promesa que plaza. En el imaginario de la época, la urbanización “llegaría” y convertiría el sector en un lugar central, tal como tantas veces se invocaba a Cerdà cuando tocaba vender futuro.
En ese contexto, Carmen Gomáriz, empresaria ya curtida en el oficio, aprovechó un solar sin edificar para levantar un cine que hiciera competencia directa a otro cercano: el Cine Granvia, abierto dos años antes a unos cien metros, en la esquina de Marina con Gran Via. La idea era sencilla: capturar al vecindario de un extremo del barrio todavía poco poblado y sumar, los domingos, a un público adicional atraído por el entorno de la Monumental y el movimiento de la zona.

La sala: fachada digna, interior cómodo y un anfiteatro pequeño
El Cortes no pretendía ser una “catedral” del cine, pero sí un local correcto. Tenía platea y un pequeño anfiteatro, con una distribución funcional: un bloque central de butacas y pasillos laterales, la solución clásica para conducir al público sin perder demasiados metros útiles. Era un cine de barrio, pero bien armado para que la gente repitiera.
Carmen Gomáriz no era una recién llegada. Se le atribuye experiencia como empresaria de otros cines barceloneses, lo que explica que supiera leer el mapa del negocio: abrir donde hay vacío urbano, competir por proximidad y sostener programación suficiente para crear hábito.
Octubre de 1932: primeras carteleras y el salto al sonoro
El Cortes aparece por primera vez en la cartelera con fecha viernes 14 de octubre de 1932, con una programación que ya refleja el momento de transición al cine sonoro.

En los anuncios se presentaban títulos acompañados de etiquetas como “sonora” y se insistía en el reclamo de voces y música, porque el sonido seguía siendo novedad y argumento comercial.

En paralelo, el cercano Cine Granvia proyectaba películas que hoy sirven para explicar aquel cambio de época: títulos de Hollywood y versiones sonoras que marcaban la sustitución del cine mudo por el sonoro como norma. El Cortes, sin ser una sala de gran relumbrón, formaba parte de esa misma ola: el público del barrio estaba asistiendo a un cambio tecnológico que también era un cambio de costumbres.
1936–1939: la guerra lo borra de la cartelera
Desde la inauguración hasta el inicio de la Guerra Civil, el cine se mantuvo presente en la cartelera, pero con el estallido del conflicto desaparece. Por ubicación y por perfil, parece razonable que no fuera de los locales más relevantes para la exhibición organizada durante la guerra. El resultado, en la práctica, fue el cierre y la pérdida de continuidad como sala cinematográfica.
1939–1947: del cine al Auxilio Social
Con el final de la guerra, el edificio cambió de función de manera radical. El local fue habilitado como comedor del Auxilio Social, una institución asistencial del régimen franquista que utilizó numerosos espacios para atender (y también controlar) a una población empobrecida. Durante casi una década el Cortes dejó de ser cine para convertirse en infraestructura de supervivencia cotidiana.
Cuando finalmente se devolvió a su propietaria en 1947, el estado del local exigía una reforma profunda. Había que reconstruir un cine donde durante años había funcionado otra cosa.
10 de octubre de 1947: reapertura tras reforma y “renacimiento” como Cine Gran Vía
Tras una remodelación intensa, la sala reapareció para el público el viernes 10 de octubre de 1947.

Y aquí llega uno de los giros curiosos de su historia: el cine se anunció como Cinema “Gran-Vía”, apropiándose del nombre del antiguo Granvia de Marina (que ya no existía).

Por fuera, sin embargo, la fachada mantuvo una apariencia muy parecida a la del viejo Cortes. Por dentro, el mensaje era claro: “somos un cine nuevo”, aunque el edificio fuera el mismo.

Para la inauguración se proyectaron “Una mujer internacional” (aquí conviene corregir bien los nombres: Ilona Massey, George Brent y Basil Rathbone) y “Señorita profesora” con Jenny Jugo. Se presentó el local como una sala decorada con gusto y dotada de adelantos técnicos, y la empresa incluso ofreció un refrigerio a los invitados, un gesto típico de las reaperturas que buscaban restituir prestigio y atraer prensa.

En esos primeros meses todavía hubo fe empresarial. Se programaron títulos con tirón y se intentó construir de nuevo el hábito de barrio. En los anuncios, además, aparece el contexto de la época: la Gran Via era también “Avenida de José Antonio” y el crecimiento urbano hacia la zona seguía transformando el entorno.
1948: cambia la gestión y el cine entra en fase irregular
A mediados de 1948, la presencia del cine en cartelera se vuelve irregular. En la documentación aparece un nuevo administrador, Luis Cabezas Puzo, y el local llega a anunciarse como cine Tranvía en algún momento, con programas que no se sostienen de forma continuada. Es el síntoma típico de una sala que busca fórmula, que cambia de manos o que intenta reposicionarse sin encontrar un hilo estable.
1966: cierre definitivo con doble programa
En la última etapa, la gerencia pasó a los hermanos Gratacós Comas. El final llegó el 8 de mayo de 1966, con un doble programa que suele citarse como despedida: “La boda” (film hispano-argentino dirigido por Lucas Demare) y “El millón de dólares” (comedia italiana dirigida por Ettore Scola, con Vittorio Gassman y Joan Collins). Después, el cine fue derribado y el solar acabó ocupado por un edificio de viviendas. Un cierre típico de los cines de barrio: cuando la sala deja de ser imprescindible, la ciudad la sustituye por metros cuadrados residenciales.
Fuentes consultadas
La Vanguardia (La Mirada del Lector), “De la plaza de toros Monumental al cine Cortes” (05/07/2024).
La Barcelona de antes, “CINE CORTES – CINE GRAN-VIA” (05/07/2024).
Barcelofilia, “CORTES CINEMA / CINE GRAN VIA. Gran Via 794 / Lepant (1932–1966)” (23/03/2014).
Cinema Treasures, “Cine Gran Via (Barcelona)” (ficha con cronología 1932–1966).
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