Las epidemias y el nacimiento del Hospital del Mar: de barracones quemados a gran hospital de la Barcelona contemporánea

La historia del actual Hospital del Mar arranca cuando Barcelona asumió una evidencia incómoda: las enfermedades infecciosas no eran una anécdota, sino un patrón recurrente en una ciudad portuaria, densa y todavía con déficits graves de saneamiento. A principios del siglo XX se decidió construir un nuevo centro capaz de atender con eficacia las epidemias, sustituyendo y superando al antiguo establecimiento conocido como Casa de la Sanidad, un hospital con raíces muy anteriores que, según las referencias históricas, se remontaba al siglo XVI.

barracones que darán lugar al Hospital del Mar

Antes de contar con un hospital estable, la respuesta municipal tenía algo de campaña militar. Cuando la amenaza apretaba, el Ayuntamiento montaba pabellones provisionales en zonas alejadas, como Montjuïc o Can Tunis, y cuando el brote remitía se desmantelaban y, en algunos casos, se quemaban para reducir el riesgo de contagio. Eran soluciones rápidas, duras y frágiles, propias de un tiempo en que la prevención era más voluntad que infraestructura.

1914: la gran fiebre tifoidea y el germen del hospital en la Ciutadella

El punto de inflexión fue la epidemia de 1914, una crisis de fiebre tifoidea que golpeó la ciudad con una magnitud descomunal. A raíz de aquel episodio se habilitaron barracones para atender a los afectados en la Sección Marítima del Parque de la Ciutadella, unas instalaciones rudimentarias que, con el tiempo, se convertirían en el núcleo del futuro hospital. Es importante entender lo que significaba aquello: el hospital nace primero como respuesta de emergencia y, solo después, como institución permanente.

De hecho, durante sus primeros 25 años, entre 1914 y 1939, el nombre oficial del centro fue muy explícito: Hospital Municipal de Infecciosos. No se creó solo para apagar un incendio, sino para evitar que el siguiente brote encontrara a Barcelona igual de desarmada. En una ciudad con puerto, industrias, migraciones internas y una red de agua aún vulnerable, la infección era un enemigo cotidiano.

1905: un lazareto para aislar a los enfermos y evitar contagios

En paralelo a esta historia del hospital, Barcelona también había buscado soluciones “fuera de la ciudad” para cortar la transmisión. Las epidemias de cólera, tifus y otras enfermedades que marcaron el siglo XIX empujaron a crear espacios de aislamiento sanitario, y aparece documentado un lazareto inaugurado en 1905 como respuesta a la necesidad de separar a los enfermos infecciosos del resto de pacientes. La lógica era simple y brutal: cuarentena lejos del casco urbano, especialmente ante el temor a contagios asociados al tráfico marítimo y a la llegada de viajeros o mercancías en malas condiciones sanitarias.

1929–1930: la Exposición Internacional hace posible el gran salto arquitectónico

Con el paso del tiempo, la precariedad de las primeras instalaciones y la sucesión de brotes dejó clara una idea: Barcelona necesitaba un recinto hospitalario moderno. La Exposición Internacional de 1929 funcionó como palanca económica y urbana para levantar un nuevo edificio, y entre 1929 y 1930 se construyó el gran edificio horizontal que hoy identificamos como el primer núcleo sólido del hospital moderno. La función del centro era, sobre todo, combatir infecciones en una capital con doble condición: ciudad grande y puerto de enorme tráfico.

El destino, sin embargo, fue cruel. Ese hospital, concebido para proteger vidas, fue bombardeado durante la Guerra Civil y quedó en parte destruido. Lo dramático del episodio no está solo en la destrucción, sino en lo que vino después: el mismo arquitecto que lo diseñó tuvo que reconstruirlo aproximadamente una década más tarde, como si la historia obligara a rehacer, con cemento, lo que la violencia deshace en minutos.

cocina del hospital 1930

1939–1975: “Hospital de Nuestra Señora del Mar” y depuración en la posguerra

En 1939, las nuevas autoridades franquistas rebautizaron el Hospital Municipal de Infecciosos como Hospital de Nuestra Señora del Mar. El cambio no fue solo nominal: la institución vivió una depuración política de sus trabajadores, una práctica habitual de la posguerra que alteró plantillas, carreras y vidas. Aun así, y pese a la pobreza de recursos, el hospital comenzó a destacar por iniciativas médicas pioneras impulsadas desde dentro.

En esos años, el hospital tuvo que enfrentarse a nuevas crisis sanitarias. Se documentan episodios como el tifus exantemático de 1942, el largo impacto de la poliomielitis en las décadas de 1950 y 1960, y un brote masivo de cólera en 1971, en fechas sorprendentemente tardías para un país europeo. El hospital fue, una y otra vez, el lugar donde la ciudad depositaba su miedo y su esperanza.

1948: la visita de Alexander Fleming y el símbolo de la penicilina

Un momento especialmente significativo llegó en 1948, cuando Alexander Fleming visitó Barcelona invitado por el Ayuntamiento para inaugurar el nuevo pabellón de investigaciones médicas del hospital, todavía en obras. Fleming, Nobel de Medicina en 1945 por el descubrimiento de la penicilina, se convirtió en un símbolo viviente de la medicina moderna. En una Barcelona de posguerra, su presencia tuvo un valor casi emocional: miles de personas asociaban su hallazgo a vidas salvadas y a la promesa de que la ciencia podía ganarle terreno a la muerte.

Durante esa visita pronunció conferencias y recibió honores académicos. Su figura también arrastra un dato que suele recordarse por su carga ética: Fleming no quiso patentar la penicilina para facilitar su difusión. La visita continuó por otras ciudades españolas, y se menciona que su esposa enfermó durante el viaje y falleció al año siguiente.

De hospital de infecciosos a hospital general: UCI, cámara hiperbárica y nuevos servicios

En la segunda mitad del siglo XX, el hospital fue ampliando su cartera de servicios. La presión de la polio llevó a centralizar estrategias antiinfecciosas y a incorporar tecnología como el pulmón de acero. En décadas posteriores se desarrollaron recursos para tratar patologías graves como tétanos o gangrena gaseosa, y se dotó de una cámara hiperbárica. También se cita la creación de una de las primeras unidades de cuidados intensivos en España, signo de una institución que ya no se limitaba a aislar infecciones, sino que entraba de lleno en la medicina hospitalaria moderna.

En los años 70 y primeros 80, la expansión fue clara: el antiguo hospital para infecciosos pasó a ofrecer casi todas las especialidades médicas y quirúrgicas, e incluso impulsó una Unidad de Deshabituación de Toxicomanías, pionera en el país. El hospital dejaba de ser un recinto “para epidemias” y se convertía en una pieza integral del sistema sanitario barcelonés.

1973: convenio universitario y salto docente

En 1973, el hospital firmó un convenio con la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), que se renovaría en 1990 y 2001, consolidándolo como centro sanitario universitario. Ese vínculo convirtió al Hospital del Mar en un espacio donde no solo se cura: también se enseña y se investiga, una triple condición que explica su peso actual en el ecosistema biomédico de Barcelona.

1975–1992: democracia, Juegos Olímpicos y una remodelación histórica

Tras la muerte de Franco en 1975, la ciudad entró en la Transición y el hospital también se transformó. La designación de Barcelona como sede olímpica en octubre de 1986 fue un acelerador decisivo: se propuso al Hospital del Mar como centro de referencia para la Familia Olímpica, y ese reto impulsó una remodelación y una modernización de gran escala.

En 1992, el Hospital del Mar fue el “hospital olímpico” no solo durante los días de competición. Se considera que asumió ese papel en un periodo amplio, entre el 10 de julio y el 14 de agosto, y también durante los Juegos Paralímpicos. Bajo la coordinación del Dr. Pere Benito, el equipo médico atendió hasta 954 pacientes. El hospital, además, garantizó los controles del laboratorio antidopaje y los análisis de control de sexo, tareas sensibles y permanentes durante aquellos Juegos.

Ese mismo año se impulsó un proyecto de integración funcional del sistema hospitalario municipal (IMAS), consolidando al Hospital del Mar como hospital de alto nivel, mientras el Hospital de l’Esperança se especializaba en áreas complementarias, especialmente quirúrgicas y del aparato locomotor, reforzando un modelo coordinado en la franja litoral de la ciudad.

2008–2017: primera fase de ampliación y nuevo edificio

En junio de 2008 se colocó la primera piedra de un plan de ampliación previsto en tres fases. La crisis económica frenó el ritmo, pero el proyecto se reactivó con un convenio institucional en noviembre de 2014, coincidiendo con el centenario de la institución. En mayo de 2017 se inauguró la primera fase: un edificio nuevo (el edificio B) con 15.877 m² adicionales, pensado para mejorar circuitos, equipamientos y confort, y para agrupar servicios clave, con impacto notable en áreas como urgencias y ginecología-obstetricia.

El mensaje, sin embargo, fue claro: esa fase era necesaria, pero insuficiente. El hospital seguía necesitando las siguientes etapas para completar la integración funcional, crecer en capacidad y responder a la presión asistencial de su área de referencia.

2021–2030: segunda fase en marcha y una tercera aún pendiente

La segunda fase del plan de ampliación busca resolver déficits actuales de espacio y dotar al hospital de infraestructuras y tecnología capaces de responder con más eficiencia y personalización. En marzo de 2022 se aprobó la financiación principal de esta etapa: 85,6 millones de euros con fondos del programa REACT del FEDER, destinados a ejecutar la obra y parte del equipamiento. Se suman aportaciones de Generalitat y Ayuntamiento para el proyecto ejecutivo y las primeras actuaciones.

La planificación prevé que el nuevo edificio de la segunda fase conecte la ampliación ya inaugurada con el hospital actual, desde el paseo marítimo hasta el entorno universitario, reforzando el “campus sanitario” de la Barceloneta. Y queda una tercera fase proyectada hacia 2030, destinada a llevar el conjunto por encima de los 100.000 m² de superficie. Será el cierre de una historia iniciada, literalmente, con barracones de emergencia.

La idea que atraviesa un siglo

Si se busca un hilo conductor, el Hospital del Mar ha sido siempre lo mismo con nombres distintos: el lugar donde Barcelona decide no resignarse ante lo contagioso. Nació por epidemias, creció con epidemias, se modernizó por epidemias, y en cada etapa fue ampliando su misión hasta convertirse en un hospital general universitario, integrado hoy en el Parc de Salut MAR. Es, en el fondo, la historia de cómo una ciudad aprende a defenderse.


Fuentes consultadas

  • Hospital del Mar (web oficial), secciones “Historia” y cronología institucional (denominaciones, 1929–30, bombardeos, 1939, 1973, 1992, ampliaciones).

  • labarcelonadeantes.com
  • La Vanguardia (Participación / Red de Lectores), “De la Casa de Sanidad al Hospital del Mar” (orígenes, Casa de la Sanidad, pabellones provisionales, lazareto).

  • Futur Hospital del Mar (web del proyecto), “Historia de l’Hospital del Mar” (etapas 1914–1939 / 1939–1975 / actualidad, ampliación y financiación).

  • IMIM – Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques, página sobre Alexander Fleming (visita e inauguración del pabellón de investigación, 1948).

  • Hospital del Mar (nota de prensa, 9/03/2022): aprobación de financiación de la segunda fase con fondos REACT-FEDER (85,6 M€).

  • Hospital del Mar (Plan de ampliación): ficha de la primera fase (edificio B, 15.877 m², 2017).

  • Universitat Autònoma de Barcelona (Facultat de Medicina), historia docente: incorporación del Hospital del Mar a la docencia (curso 1973–74).

  • Wikipedia, “Epidemia de tifus de 1914 en Barcelona” (contexto y magnitud del brote; hospital provisional del Parc).

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