Un cine que duró lo que dura un suspiro: el Salón Chevalier.
En la Barcelona de la Segunda República hubo locales que nacieron por vocación y otros que nacieron por oportunidad. El Salón Chevalier, instalado en el número 18 de la Plaça Catalunya, pertenece al segundo grupo: fue un espacio efímero, levantado en un hueco urbano a medio derribar, que quiso vivir de un nombre famoso y de un momento de fiebre por el cine sonoro. Duró poco, pero dejó una estampa curiosa: un “cine” (o sala de ocio con proyecciones puntuales) dedicado a Maurice Chevalier, el cantante y actor francés que en aquellos años era sinónimo de encanto parisino, sonrisa canalla y canciones pegadizas.
Chevalier había nacido en París el 12 de septiembre de 1888, y su figura estaba en plena circulación popular por Europa gracias al cine y al music-hall. En Barcelona, su nombre sirvió de cartel para un local que apareció en el momento exacto en que la ciudad se quedaba con un gran vacío en pleno centro.
El solar: Casa Segura, La Canadiense y un derribo a medias
El Salón Chevalier no se entiende sin el edificio que había allí antes. En ese punto de la Plaça Catalunya existió la Casa Segura, también citada en algunas referencias como Casa Cabot por la joyería instalada en sus bajos. Era un edificio destacado de la plaza y, durante un breve periodo, se consideró de los más altos entre los edificios civiles de la ciudad, hasta que otras construcciones lo superaron a finales de los años veinte.

A comienzos de los años treinta, la finca fue adquirida por la Compañía de Aplicaciones Eléctricas, relacionada en el imaginario popular con el universo empresarial conocido como “La Canadiense”, con la intención de derribar la Casa Segura y levantar un edificio nuevo, alto y emblemático, que debía convertirse en una gran sede corporativa. El proyecto llegó a presentarse incluso con maqueta.

Pero el derribo se quedó a medias: se demolieron elementos superiores —torretas y pisos altos— y el proceso se paralizó en un contexto de tensión social, conflictos laborales y huelgas que afectaron directamente a la construcción. El resultado fue un escenario rarísimo para una ciudad tan orgullosa de su fachada: un gran local de planta baja con un edificio herido, y un espacio disponible que pedía un uso provisional.
1932: nace el Salón Chevalier… y empieza a apagarse casi al mismo tiempo
En ese hueco aparece el Salón Chevalier. Un grupo de emprendedores alquiló los bajos y los acondicionó como local de ocio. No era tanto una sala “con vocación de durar” como una solución inmediata para rentabilizar un espacio que había quedado colgado en el aire.

Aquí conviene corregir un detalle del texto original: se dice que “posteriormente el lugar se convirtió en la actual Plaza de Cataluña”. En realidad, la Plaça Catalunya ya existía como gran espacio urbano desde finales del siglo XIX, aunque siguió urbanizándose y completándose durante décadas. Lo que ocurrió es otra cosa: aquel punto concreto, tras el derribo y años de solar, acabó siendo ocupado por una nueva construcción en la posguerra avanzada. Es decir: no “nació la plaza”, cambió el edificio y el uso del solar.
Sobre la actividad del Salón Chevalier, la documentación sugiere una mezcla: reuniones, actos lúdicos, ambiente social y cierta voluntad de “cine moderno”. Lo llamativo es que apenas aparece en carteleras como cine al uso, lo que alimenta la idea de que su actividad cinematográfica fue ocasional o secundaria, más cercana a un “salón” polivalente que a una sala de exhibición estable.
La coincidencia perfecta: Chevalier triunfa en el Coliseum y el local se beneficia del tirón
El Salón Chevalier abrió aprovechando un viento a favor: el estreno en Barcelona de una película sonora muy popular asociada a Maurice Chevalier, “La canción de París”, proyectada en el cine Coliseum. La fórmula era inteligente: si el público salía del Coliseum tarareando, el nombre “Chevalier” ya venía puesto en la cabeza. Y Plaça Catalunya estaba al lado.

Ese fue el momento de mayor brillo del local. La gente reconocía el nombre, el cine sonoro estaba en auge y el centro de Barcelona era un escaparate natural. Pero el contexto económico y social seguía siendo frágil, y el local no tenía detrás un edificio terminado ni un proyecto urbano estable.
Un local satirizado: cuando el humor lo convierte en noticia
Otra pista de su existencia la dan las publicaciones satíricas de la época, que lo mencionaron con ironía. La revista El Be Negre se burló del fenómeno y llegó a comentar, en clave de humor, que el salón había contratado a un bailarín para atraer público. Otra revista, D.I.C., también lo citó satíricamente, presentándolo como un lugar capaz de competir “a golpe de conferencia” con otros espacios, con títulos de charla tan disparatados que precisamente buscaban provocar risa.
Este detalle es importante: el Salón Chevalier fue tan fugaz que su huella no es la de una gran programación, sino la de un rumor urbano. Un local que “se comenta”, que “se parodia”, que “está de moda un mes”… y luego desaparece.
Final de 1932: cierre y desaparición del experimento
El Salón Chevalier cerró a finales de 1932. La razón de fondo parece clara: era un negocio provisional, dependiente del tirón del nombre y de una coyuntura urbana muy anómala. Cuando la obra y la situación del solar siguieron otro rumbo, o cuando el interés decayó, el local perdió sentido.

Con el tiempo, las menciones al Salón Chevalier quedaron como una nota a pie de página de la Plaça Catalunya. Años después, algunos artículos de memoria cinematográfica recordaron su existencia con cautela: quizá allí se proyectó algo, quizá fue más salón que cine. Lo que sí sabemos es que fue una de esas rarezas que solo nacen cuando una ciudad se queda a medias: un derribo suspendido, una plaza central, una estrella internacional y un local que intentó vivir del nombre más famoso del cartel.
Fuentes consultadas
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La Vanguardia (Red de Lectores), “El efímero Salón Chevalier de Barcelona”, 26/06/2024.
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La Barcelona de antes (Jesús Fráiz), “Cine Salón Chevalier”, 26/06/2024 (actualizado 02/07/2024).
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Barcelofilia, “Salón Chevalier. Plaça Catalunya (1932)”, 24/06/2014.
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Barcelofilia, “Casa Segura… (enderroc i solar)”, 25/10/2010, y artículos relacionados sobre ocupantes del solar.
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Barcelofilia, “Plaça Catalunya. Botigues i comerços. Anys 1930” (mención del Salón Chevalier en el núm. 18).
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Referencias hemerográficas citadas en estudios locales sobre prensa satírica: El Be Negre (28/06/1932) y D.I.C. (julio de 1932), con menciones al Salón Chevalier en clave humorística.
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