Cataluña ante el Estado liberal (1907)

En las elecciones generales del 21 de abril de 1907, Cataluña vivió un cambio político histórico. La victoria de Solidaritat Catalana supuso una ruptura con el turnismo dinástico y evidenció la emergencia de un catalanismo transversal. La coalición, integrada por la Lliga Regionalista, carlistas, republicanos nacionalistas, federales e integristas, logró un triunfo aplastante.

Quedaron fuera de esta alianza los partidos dinásticos españoles y los republicanos lerrouxistas. El resultado fue contundente: 41 de los 44 escaños catalanes en el Congreso, con el 67 % de los votos válidos en Cataluña y más de 50.000 sufragios solo en Barcelona.

Este éxito electoral creó el clima político necesario para plantear una reforma administrativa profunda que permitiera a Cataluña gestionar de forma unificada sus recursos.

El proyecto de la Mancomunitat: una idea de autogobierno administrativo

Enric Prat de la Riba, presidente de la Diputación de Barcelona y líder de la Lliga Regionalista, fue el principal impulsor del proyecto. Su idea era unir las cuatro diputaciones catalanas en una sola entidad administrativa para mejorar la gestión de los servicios públicos y aumentar la capacidad de decisión desde Cataluña.

El proyecto tuvo que superar importantes obstáculos políticos. El asesinato del presidente del Gobierno José Canalejas, uno de sus principales valedores, ralentizó el proceso. Finalmente, el 18 de diciembre de 1913, un decreto del gobierno conservador de Eduardo Dato autorizó la creación de la Mancomunitat.

Nacimiento de la Mancomunitat de Catalunya (1914)

El 6 de abril de 1914 se constituyó oficialmente la Mancomunitat de Catalunya. Prat de la Riba fue elegido su primer presidente. Por primera vez desde 1714, Cataluña recuperaba una institución que unificaba las cuatro provincias.

Aunque no suponía una autonomía política, la Mancomunitat representaba el reconocimiento, por parte del Estado español, de la personalidad diferenciada de Cataluña y recuperaba parcialmente la tradición administrativa de las antiguas Cortes Catalanas.

Límites legales y éxito institucional

La Mancomunitat nació con importantes restricciones. No tuvo presupuesto propio hasta 1918 y sus competencias estaban muy limitadas por la legislación estatal. A pesar de ello, se convirtió en una herramienta clave para la modernización del país.

Desde sus inicios impulsó infraestructuras, educación, cultura y servicios públicos, convirtiéndose en el mayor éxito político de la Llíga Regionalista y en un referente de gestión eficiente.

Prat de la Riba y el programa modernizador

Prat de la Riba articuló su acción política bajo un lema muy concreto: “dotar a cada municipio de su escuela, su biblioteca, su teléfono y su carretera”. Su proyecto combinaba nacionalismo cultural y pragmatismo administrativo.

Su muerte prematura en 1917 truncó una etapa fundamental, pero dejó una estructura sólida que permitió la continuidad del proyecto.

Josep Puig i Cadafalch y la continuidad (1917–1923)

Josep Puig i Cadafalch asumió la presidencia y continuó las políticas modernizadoras. Durante su mandato se proyectó el conjunto de la Exposición Internacional de 1929 y la urbanización de la plaza de Catalunya.

En 1923 dimitió como protesta por las políticas anticatalanistas del régimen de Primo de Rivera. Se exilió en Francia en 1936 y regresó en 1942 para presidir, en la clandestinidad, el Institut d’Estudis Catalans.

Francesc Cambó y la estrategia pactista

Aunque nunca presidió la Mancomunitat, Francesc Cambó fue una figura clave. Actuó como intermediario en Madrid y defendió la Mancomunitat como un paso previo hacia un Estatuto de Autonomía.

Su estrategia pactista buscaba obtener avances concretos a cambio de apoyo parlamentario, una postura que generó apoyos y críticas a partes iguales.

Cultura, lengua y educación: el gran legado

En el ámbito cultural, la Mancomunitat impulsó la Biblioteca de Catalunya y el Institut d’Estudis Catalans. Se promovieron bibliotecas populares, escuelas experimentales y una política decidida de normalización lingüística.

Pompeu Fabra unificó la ortografía del catalán, proceso culminado en 1932 con el Diccionari General. También se protegió el patrimonio cultural mediante las Juntas de Museos y el Servei de Conservació i Catalogació de Monuments.

Formación, sanidad y beneficencia

Se crearon instituciones para la formación de maestros y técnicos, como el Seminari-Laboratori de Pedagogia, la Escola Catalana d’Art Dramàtic (futuro Institut del Teatre) y diversas escuelas profesionales y comerciales.

En sanidad se fundó la Escola d’Infermeres y se impulsaron clínicas especializadas. En beneficencia, la Mancomunitat asumió la gestión de hospitales, casas de caridad y servicios para enfermos mentales, además de aprobar pensiones para obreros mayores de 75 años.

Infraestructuras y modernización del territorio

Se mejoraron carreteras, caminos y puentes, se impulsó la reforestación y se amplió la red telefónica hasta alcanzar los 6.871 km, conectando incluso los pueblos más aislados. También se desarrollaron los servicios meteorológicos y técnicos.

El golpe de Primo de Rivera y el final de la Mancomunitat

Miguel Primo de Rivera llegó al poder en 1923 con el apoyo del rey Alfonso XIII y de sectores conservadores catalanes que buscaban orden social y estabilidad política.

El nombramiento de Alfons Sala i Argemí como presidente y la prohibición del catalán en las instituciones marcaron la ruptura definitiva. En 1925, la Mancomunitat fue disuelta, acusada de fomentar el nacionalismo.

Represión, reacción cultural y camino a la República

La dictadura tuvo un efecto paradójico: reforzó la conciencia cultural catalana. Aumentaron las publicaciones, las actividades culturales y el uso del catalán en ámbitos no oficiales.

El Pacto de San Sebastián de 1930 abrió el camino hacia la República y el reconocimiento del derecho a un Estatuto de Autonomía. Tras las elecciones municipales de 1931, Alfonso XIII abandonó el país y, en 1932, una gran manifestación en Barcelona reclamó el Estatuto.


FUENTES CONSULTADAS/BIBLIOGRAFIA

  • AFB (Arxiu Fotogràfic de Barcelona).

  • AGDB. Fons: Diputació de Barcelona.

  • Albert Balcells; Jordi Enric i Sabater; Jordi Pujol. La Mancomunitat de Catalunya i l’autonomia.

  • Arxiu BC.

  • Cambó, Francesc. Artículos y estudios en La Vanguardia y revistas especializadas.

  • Coll, Joaquim; Llorens, Jordi. Els quadres del primer catalanisme.

  • Diputació de Barcelona.

  • Estorch, Joan Francesc.

  • Graells, Guillem-Jordi. L’Institut del Teatre: els primers 100 anys.

  • Gortázar, Guillermo. Romanones, la transición fallida a la democracia.

  • Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC).

  • *L’obra realitzada: anys 1914–1923 / Mancomunitat de Catalunya.

  • Mancomunitat de Catalunya. Breu història. http://www.mancomunitatdecatalunya.cat/breu-historia-2/

  • Martín Berbois, Josep Lluís.

  • Museu de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya.

  • Porcioles, Josep Maria. Biografia d’una vida singular. Base.

  • Porcioles, Josep Maria. Mis memorias.

  • RTVE – Arxiu TVE Catalunya. La Mancomunitat de Catalunya.
    https://www.rtve.es/play/videos/arxiu-tve-catalunya/arxiu-tve-catalunya-mancomunitat-catalunya/4074019/

  • Universitat de Barcelona.

  • Xarxanet.

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